Hay quienes piensan en abstenerse de votar en estas elecciones del 5 de mayo. Los que suelen abstenerse son, generalmente, personas correctas, honradas y trabajadoras, decorosas y de buen criterio, que han sido educadas en el temor a Dios y el respeto a su prójimo. Y estos hombres y mujeres de bien piensan que el pasado ya no le importa a los demás, que las buenas costumbres, los valores éticos y las enseñanzas cristianas se han perdido en el terreno del materialismo y los egoísmos humanos que parecen haberlo invadido todo.
Las mujeres y los hombres justos se apegan a lo suyo como convencidos de que esos valores solamente les incumbe a ellos. Entonces se encierran en sus claustros de paz evocando mejores tiempos pasados o los que pudieran ser futuros y se esconden del presente. Son personas valiosas que también practican el egoísmo cuando, a su vez, se abstienen de predicar lo que practican. Pudieran hacer más daño cuando omiten hacer las cosas que cuando las hacen mal. Abstenerse de votar el domingo 5 de mayo puede perjudicar a la paz y a la prosperidad de la Nación cuando se queden en sus casas esas personas justas, de buenas costumbres y valores éticos y morales que jamás votarían por candidatos cuyas actuaciones y reputación pudieran reñir con su moral y criterio personal.
Los que están indecisos porque juzgan que todos los candidatos son cuestionables son como los que están en medio de un cataclismo y quieren desconocer lo que está pasando con solo cubrirse los ojos con las manos. Esas personas que piensan abstenerse de votar tienen el deber de confrontar a la canalla que cree que es dueña de Panamá y luchar para llevar su formación de vida cristiana, judía o creyente que gobierna su casa y su familia al Gobierno de la Nación panameña. Y esto no tiene nada que ver si se trata de un gobierno laico o no, es aplicar los principios básicos de convivencia y de amor al prójimo que hemos aprendido en el seno de la familia y de nuestros buenos maestros en la escuela.
No se trata, por lo tanto, de salir a votar, sino de votar por el candidato correcto. Usted puede darse cuenta cuál de los candidatos no riñe con su moral y su criterio personal cuando el motor espontáneo de su intuición no lo rechaza. Los seres humanos, por más hipócritas y disimuladores que puedan ser, jamás escapan al ojo detector de los justos.
El autor es abogado y docente universitario.
