VALORES TRADICIONALES

Adiós al pudor y al decoro

De alguna forma, he incidido en mi primer y tercer hijo para que les guste el fútbol y sean fanáticos de la selección nacional. Por el contrario, al segundo no le gusta el tropel y la falta de respeto hacia su espacio personal. Yo he dejado de ir al estadio Rommel Fernández a ver los partidos, porque no soporto ver a tantos atorrantes.

Me parece de tontos arrojar cerveza, como si esta fuera gratis, y eso que no tomo licor. Y lo que más me molesta es ver gente sentada o con gorra durante el canto de nuestro himno nacional. La última vez que fui con mi compadre sufrimos con el gas pimienta que le echaron a unos muchachos, dizque violentos.

Gracias a Dios, no fui al último y glorioso partido, porque no me hubiese gustado ver a una señora, y digo señora por la edad, invadir el campo de juego, tirarse al engramado y después justificarlo. Un periodista le preguntó a esta señora para saber si pertenecía a la federación de fútbol o a Pandeportes, me parece, a lo cual ella contestó que sí. Acaso no sabe ella el valor de la multa y las consecuencias que esto acarrea. La generación de mi madre y de mi suegra jamás hubiese actuado así.

Días antes había un video en las redes, supuestamente sociales, donde unas muchachas exhibían en vía Israel, sin recato alguno, sus partes íntimas. Posterior al partido, parece que hubo imitadoras de este acto inmoral. Creo que hay alternadoras con mejor comportamiento.

La mujer panameña, buscando la igualdad de derechos con el hombre, ha escogido el camino equivocado, imitando el mal comportamiento de los hombres.

En algunos medios de comunicación, al parecer para vender una cerveza es necesario que la mujer enseñe y mueva los glúteos. Creo que las agrupaciones de mujeres deben criticar estas actuaciones indecorosas. Y digo en algunos medios, porque tengo una bella ahijada modelo que sale en una propaganda de cerveza, adecuadamente vestida y sin tanto remeneo.

Ya es común ver a jóvenes mujeres asistiendo en grupo a las discotecas y tomar cerveza o licor a la par que cualquier hombre. Hasta me ha tocado verlas comprar estas bebidas en los supermercados. Pero, esto es viejo, ya se hablaba desde hace muchos años de las borrachas tiradas en el parque durante los carnavales. Y ni pensar en lo indefensas que son en ese estado de ebriedad.

Hoy que escribo este artículo menciono que antes había ido a almorzar con mi querido nieto a un restaurante en la vía Ricardo J. Alfaro. Al mismo entraron dos jovencitas, una con uniforme escolar y la otra no. Calculo que la estudiante podía tener entre 15 y 16 años. La compañera, un año más.

Las jóvenes tenían un tremendo arrumaco. Considero que más de 20 besos en la cara se dieron en el restaurante. Y aclaro, no vi tanto, como para decir que ninguno fue en la boca. En el restaurante había dos policías, creo que uno era teniente. No sé si los policías estaban distraídos con su almuerzo o no les preocupaba la situación, pero ellas siguieron como si nada. O puede ser que los uniformados, como opino yo de muchos panameños, no tienen bien claro el concepto de bien o mal.

Como siempre, saldrá alguien a decir que soy homofóbico, pero yo soy de la opinión de que un joven estudiante tiene primero la obligación de terminar su carrera académica, antes de pensar en su derecho a tener relaciones sexuales con quien decida.

Como dice un afamado periodista, los panameños tienen la moral con un cáncer que ha hecho metástasis. Y las mujeres no escapan de esta enfermedad.

Antes veíamos a cavernícolas agarrarse a golpes en las calles, lo cual sigue sucediendo, pero ahora también es común ver a estudiantes jalarse las greñas en los colegios y a mujeres tirar trompadas en patios limosos. Ahora los esposos tienen que tener cuidado, ya que las esposas son más violentas que estos y quedan los primeros golpeados por defender a sus consortes.

La mujer panameña, en gran cantidad, está perdiendo el pudor y el decoro. Imita al hombre chabacano y soez. Y no solo sucede esto en la metrópoli, sino también en nuestra campiña.

Al pan, pan y al vino, vino. Como siempre he dicho, hay diferencia entre mujer y señora, y más entre la primera y una dama.

El autor es abogado


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