La osadía de una persona investida como diputado tiene la capacidad de sumar a sus colegas para tramar un proyecto que le arrebata de las manos al Ministerio de Ambiente territorios que por su naturaleza deben ser inajenables, dado su importancia para el sostenimiento de la vida natural.
Masas de bosques destinadas para la conservación de la biodiversidad, como es la reserva de Donoso, 76 mil mil hectáreas de selva tropical única en el país, regulador de las lluvias, de esas que empujadas por los vientos alisios del norte, irrigan la cordillera central y colman de aguas al Canal de Panamá.
Los bosques del neotrópico, constituyen un gran mosaico ambiental de nuestra geografía, pero que al ritmo en la deficiente marcha por la salvaguarda de sus recursos naturales y con la pretendida ley que se está incubando, ahora el panorama se muestra profundamente sombrío.
¿Para qué quiere la iniciativa privada el bosque de Donoso? ¿Para nuevas concesiones a la minera? ¿Para el comercio de la madera? ¿Para la extensión agrícola y ganadera? ¿Acaso será para proyectos inmobiliarios? ¿Será quizás para iniciar la carretera costanera hasta Bocas del Toro? ¿Será para provocar la especulación de las tierras en ventas y reventas?
Una cosa puede ser una reserva privada para mantener la naturaleza, para atraer el turismo con facilidades para el disfrute de la vida natural sin desarmonías del ambiente, y sujeta a las leyes que impone el Ministerio de Ambiente para su manejo a largo plazo. Pero esa iniciativa privada es para territorios que están fuera del control de las áreas protegidas y que se constituyen en una extensión protectora del bosque, aumentando el espectro de las áreas protegidas del país. No son superficies segregadas, que están bajo la férula protectora del Ministerio de Ambiente.
Cosa diferente sería, que en la Asamblea de diputados se alzara la resonante voz de protesta por mejorar la custodia de las áreas protegidas. Trescientos guardaparques a nivel nacional es irrisorio, es famélico, es vergonzoso, y con una policía ecológica aún con un rumbo no del todo definido que debiesen de tener unidades permanentes en las estaciones de los parques nacionales para lograr una mayor eficacia en la vigilancia conjunta.
En síntesis, en vez de darle más poder al Ministerio de Ambiente en la cruzada conservacionista, la ley que, de manera tenebrosa se está incubando, a contrario sensus, lo que facilita es el debilitamiento del Ministerio de Ambiente, tornándolo en un eunuco, en un castrado sin mayor combatividad.
Pero, ¿qué hay de los organismos internacionales, que luchan a nivel global por proteger los recursos naturales? ¿Dónde están los compromisos firmados por nuestro país en defensa de los bienes naturales y de la vida? ¿Dónde están los gremios organizados en Panamá que salgan a la palestra a defender con magníficos argumentos, convincentes para combatir proyectos sin una base científica y que son atentatorios a la naturaleza?
Ahora sí, de aprobarse la ley, será el requiem in pax o muerte anunciada de la naturaleza de nuestro país. Hasta dónde llega la infamia.
El autor es explorador y conservacionista