Mucho he escrito recomendando que pasada nuestra obsesión por el Canal panameño – ya logrado – ahora todos los panameños debemos obsesionarnos por la educación.
Pues bien, ya ese proceso se inició. El presidente Varela convocó a toda la sociedad y comisionó al PNUD para que organizara reuniones con el objetivo de lograr un “Compromiso Nacional por la Educación”.
Luego de meses de arduo trabajo, la sociedad completó 117 sesiones de trabajo y acordó– por consenso – 37 políticas públicas con 241 líneas de acción. No fue simplemente otro diálogo, sino un acuerdo para accionar en forma organizada y con calendario de cumplimiento, en temas tan importantes como calidad, equidad, formación de educadores (creación de un Instituto Pedagógico Nacional para la capacitación de los docentes), evaluación sistemática para todos los actores y la importantísima modernización y descentralización de la gestión del Ministerio de Educación.
Además, y lo más importante, es que se creará por ley un “consejo permanente multisectorial” que le dé seguimiento a todo lo acordado y por acordar.
La ministra Marcela Paredes de Vásquez dijo que era clave en el proyecto acordado el empoderamiento de la ciudadanía interesada y obsesionada con la educación. Es importante indicar que la mesa está servida. Ningún ciudadano debe hablar pestes y hacer críticas negativas acerca de nuestra educación. Tiene ahora un sistema acordado de modernización donde puede sumarse y aportar…¡hay que pasar de la queja parasitaria a la acción!
Y para aquellos que hablan barbaridades de los docentes y sus gremios, vean lo que dijo el dirigente Humberto Montero: “existe una crisis educativa y urge que cada uno asuma los compromisos que le competen, en busca de alcanzar la excelencia educativa”. Presentes estuvieron los gremios, aportando en positivo. Conep y Conato también estuvieron en positivo y dijeron “Ahora arranca la fase más importante del trabajo: la ejecución” y - agrego yo - el seguimiento, porque la puerta quedó abierta para seguir consensuando .
El presidente Varela en realidad ha logrado que la sociedad organice una ruta de acción que constituirá un inicio, no un final. Hace posible un proyecto de Estado de modernización de la educación que se proyecte por lo menos por dos gobiernos más, luego del suyo. ¡Esto merece una felicitación al presidente, a la ministra y a toda la sociedad participante! La educación no es problema de un gobierno; es la más alta prioridad del Estado, que va mucho más allá de los períodos de gobierno. Hay también que felicitar a Harold Robinson, director general de la ONU en Panamá y a su equipo PNUD por su magnífico trabajo.
Termino diciendo que es vital el tema existente de modernización del modelo de gestión, lo cual requiere cambios radicales de un Ministerio de Educación que por su tamaño, centralización y burocratización es prácticamente inmanejable. Por otra parte, el presupuesto de educación (+/- $1,400 millones) que proviene del Gobierno, tiene su elemento de politización, lo cual es fatal en el ramo educativo.
Hay quienes proponen – entre los que me incluyo – que el 100% de las utilidades del Canal (+/- $1,600 millones) se designen a la educación (de esta forma el Gobierno libera su presupuesto actual para otras inversiones sociales). El Canal lograría que todos los panameños – tanto en las ciudades como en Chupampa – sientan directamente los beneficios personales que les produce el Canal. Además, al Canal se le facilitaría la argumentación en el aumento de sus tarifas. Facilita sus negociaciones racionales con, por ejemplo, las sindicales con los prácticos, que ya están ganando cifras importantes.
El dinero de las utilidades del Canal llegaría a un ente con un nuevo y moderno diseño autónomo, rector de la educación en forma despolitizada, corrigiendo un gran problema. Podría tener un Consejo de Educación Nacional con representaciones de gremios de educadores, padres de familia y sociedad civil interesada, presidida por un ministro, pero con la única función de presidir el Consejo y representarlos en el Gabinete, sin función operativa alguna (como el ministro del Canal). El Consejo entonces dirigiría entes de ejecución también autónomos más pequeños y desburocratizados que incluiría, por ejemplo, uno para selección y administración de recursos humanos, otro de evaluación y medición, otro de administración financiera y patrimonial, otro de formación de docentes y, finalmente, otro que fuera Consejo Nacional de Cultura.
Esta es simplemente una idea en borrador del diseño de un nuevo ente para irla discutiendo y consensuando con todos los interesados.
Lo cierto es que ¡ahora sí!– y gracias al Compromiso Nacional por la Educación ya aprobado y funcionando, tenemos esperanza.
Amigos lectores…¡no valen más quejas! Ciudadanos obsesionados con la educación…¡al trabajo sin más dilación!
El autor es fundador del diario ‘La Prensa’