El 5 de agosto de 1829, el libertador de nuestra América, Simón Bolívar, en carta dirigida al coronel Patricio Campbel, le expresaba “los Estados Unidos parecen destinados por la providencia a plagar la América de miserias en nombre de la libertad”. La admonición cobra vigencia en el presente. En menos de un año, personeros del gobierno de Estados Unidos, Mike Pence, vicepresidente y Rex Tillerson, secretario de Estado, han realizado giras por América Latina con el propósito de cercar al gobierno revolucionario venezolano y derrocarlo
Se intenta repetir la política anticubana que expulsó a Cuba de la OEA en 1962 e intentó aislarla de los pueblos latinoamericanos. La gira del secretario de Estado y sus declaraciones por México, Perú, Argentina y Colombia presagian que estamos en los umbrales de una invasión a la cuna del libertador Bolívar.
Lastimosamente, los gobiernos de esos países y otros; Guatemala, Honduras, Brasil y el nuestro, ayunos de independencia, prestos a obedecer los dictados de Washington, que no ostentan los avances sociales que presenta la revolución bolivariana, certificadas por todos los organismos de las Naciones Unidas, cierran su mirada ante la tragedia que se avecina contra el pueblo venezolano, y que está en nuestro accionar evitarla.
No esperemos que el Gobierno de México con un sistema jurídico corrompido, cuyas mafias actúan al amparo de la protección oficial, donde hay 43 estudiantes desaparecidos, se asesina diariamente a periodistas y se aprueba una ley de militarización para reprimir las crecientes protestas sociales, se oponga al nefasto propósito norteamericano
Ninguna moral puede tener el presidente del Perú, Pablo Kuczsinsky, acusado de recibir sobornos millonarios de Odebrecht e indultar al genocida Alberto Fujimori, para atacar a la revolución bolivariana.
Nada podemos esperar de Mauricio Macri, presidente de Argentina, quien ha recortado los principales beneficios sociales de los trabajadores, mantiene arrestada a la diputada indígena Milagros Sala, allana la sede de las emblemáticas Madres de la Plaza de Mayo y emite una ley que libera a los asesinos de la dictadura militar argentina.
En Colombia, su presidente, a pesar de firmar los acuerdos de paz, evade su cumplimiento. Desde la rúbrica de los mismos han asesinado a más de 200 dirigentes populares, están instaladas siete bases militares norteamericanas, permite que desde territorio colombiano operen bandas paramilitares y ataquen las Fuerzas Armadas Venezolanas
A pesar del escandaloso fraude ocurrido en las elecciones hondureñas, el Gobierno de Estados Unidos reconoce oficialmente “presidente” al señor Juan Orlando Hernández. En ¿qué sustenta Trump su ataque a los comicios venezolanos, que ha sido demostrado como uno de los más diáfanos?
¿Por qué con la misma virulencia que ataca al Gobierno venezolano igualmente no ataca la corrupción del Gobierno guate malteco, donde hijos y familiares cercanos al presidente de ese país están involucrados en actos de corrupción?
En nuestro país un gobierno falto de credibilidad, en una acción casi secreta, mostrándose dócil a los mandatos norteamericanos, permite el desembarco de 430 efectivos militares sin respetar los procedimientos establecidos en el tratado de neutralidad, despertando serias sospechas de que es parte del programa para invadir al hermano país.
Me interrogo: ¿el objetivo fundamental es que nuestro país sirva de base para invadir al hermano pueblo de Venezuela? Recordemos Panamá 1989.
El autor es profesor de historia de Panamá y relaciones de Panamá con Estados Unidos en la Universidad de Panamá