Muchos conciudadanos estamos viviendo tiempos difíciles. El futuro, en su incertidumbre, está por definirse. Es por esto que en mis momentos de atribulada ansiedad, vuelvo a mis viejos amigos, los estoicos.
Esta escuela de filosofía, que nació en la antigua Grecia, tiene como a su más emblemático maestro a Epicteto (55 d.C.-135 d.C.) Este hombre, de joven, vivió como esclavo en Roma. Su dueño, al ensañarse frecuentemente con él, le maltrató una de sus piernas de tal manera que tuvo que cojear el resto de su vida. Sin embargo, ganó su libertad y estableció una academia donde disertó gran parte de sus enseñanzas. En realidad fue más un moralista que filósofo.
No dejó, como Sócrates y Diógenes, a los cuales admiraba, nada escrito. Pero su sabiduría se sintetiza en, como dice Wikipedia: “solamente si hacemos lo correcto se puede alcanzar una vida plena y feliz. Para ello tenemos que distinguir lo que podemos cambiar o no”.
Nacemos con muchas de las características que determinan nuestras vidas, como lo son: la apariencia física, religión, constitución genética, hasta nuestra posición en la sociedad. Estas son determinantes e irrefutables; pero también poseemos el libre albedrío que nos permite escoger entre el bien y el mal, y nos ayuda a forjar una fortaleza de carácter. Para los estoicos todos somos como actores en un teatro. Lo importante no es lo que te ocurre en el largo o corto peregrinaje de tu vida, sino la interpretación que le das. Muchas de las cosas, por más que querramos, no tenemos la facultad de cambiarlas, entonces ¿para qué seguir amargándonos? Esto no preconiza una receta para la pasividad y la resignación. Todo lo contrario, proclama la entereza de carácter y la paz interior.
En lo personal, me encontré con las enseñanzas de los estoicos gracias a James Bond (no es una broma) Stockdale. Stockdale, piloto naval, fue uno de los primeros en bombardear objetivos norvietnamitas durante la pasada guerra. Mientras deambulaba por los claustros de la Universidad de Stanford, donde estudiaba para una maestría en relaciones internacionales, de pronto se encontró con la Facultad de Filosofía. Un eminente profesor lo invitó a estudiar esta asignatura, mencionándole sobre todo a los estoicos. Un soldado puede beneficiarse mucho conociendo a Epicteto, le sugirió. El 9 de septiembre de 1965, su A-4 Skyhawk fue alcanzado por un misil. Cuenta Stockdale que en los dos minutos que le tomó saltar del avión que piloteaba, y caer en un villorio norvietnamita donde fue severamente apaleado y capturado, pensó solo dos cosas: la primera fue que van a ser por lo menos cinco años los que va a pasar como prisionero (al final fueron siete y medio, dos años en confinamiento solitario), y la segunda fue que se trasladaba del siglo XX tecnológico, al siglo II de Epicteto.
Como era el prisionero de más alto rango en Hoa Loc (el famoso Hanoi Hilton), liderizó la resistencia dentro de la prisión, por lo que fue constantemente golpeado y torturado, y confinado a una celda de concreto de 3x9 pies, con una bombilla de luz encendida 24 horas al día. Stockdale cuenta que, irónicamente, fueron los prisioneros optimistas los que no sobrevivieron la vorágine; y que él sí lo hizo, apoyándose en la sabiduría de Epicteto.
“Nunca debes confundir la fe de que vas a prevalecer hasta el final -y la que nunca puedes perder- con la disciplina que necesitas para confrontar los más brutales factores de tu realidad presente, cualquiera que esta sea”. A esto se le denomina la paradoja Stockdale. Una vez liberado llegó a ser presidente del Colegio Naval en Newport, Rhode Island, y en 1992 fue candidato a vicepresidente en la fórmula independiente de Ross Perot.
Las enseñanzas de Epicteto fueron destiladas en un pequeño libro llamado Enchirion, palabra que significa manual en griego. Se dice que Federico el Grande de Prusia no se trasladaba a una batalla sin llevarlo consigo.
El autor es empresario

