JUSTICIA

¡Arde Panamá, arde!

Panamá se acuesta optimista y despierta pesimista. Esa es mi apreciación al estar observando el día a día que nos muestra un escenario tenebroso en todos los aspectos que se reglamentan para vivir en una sociedad democrática.

La justicia parece andar en silla de ruedas, porque todavía prevalece en el pueblo la sospecha de que se venden fallos a favor o en contra mediante una buena suma de dinero. El pacto no escrito entre magistrados y diputados de no acusarse mutuamente es lo más vergonzoso y canallesco que puede afectar directamente a un país que se respete a sí mismo.

Es la hora de decidir si somos ciudadanos de primera o hemos de continuar siendo sumisos a la clase poderosa, que son pozos sin fondos e insaciables acumulando fortunas.

Siempre me he preguntado la razón por la que después de la invasión de 1989 el gobierno de Guillermo Endara no tomó nota de que existía la gran oportunidad de borrar toda huella del pasado, incluyendo la Constitución, y proclamar la segunda república libre de manipulaciones políticas.

Confío mis temores reales en esta columna, codicia y corrupción son monedas corrientes que circulan en nuestro país. Observamos a políticos que hacen juramentos que rebotan en sus propias frentes. Los partidos políticos parecen nidos de víboras. El pueblo observa y observa y mantiene un estado de ánimo hostil que pronto puede desencadenar una erupción social y eso no es nada bueno.

Hoy parece que los panameños continuamos conformes y estáticos en un punto sin retorno. Los gobiernos siguen sentados en sus tronos sin poner orden en las calles y prestando oídos sordos al clamor popular que exige más respuestas a sus necesidades.

Es cierto que no hay libertad si hay ausencia de responsabilidades. Este pueblo ha demostrado que no tiene vocación de ser esclavo de ningún cacique emplumado.

Los panameños tienen la sabiduría y la fuerza para exigir lo que imperiosamente les corresponde a cada familia en este país, donde se anuncia que tenemos una economía galopante, donde no debe haber pobreza extrema... ¡que bárbaros!

Es una verdad que existen políticos cerca del poder en turno que piden comisiones a cambio de favores. Los hombres de negocios se muestran dispuestos a pagar comisiones para evitar la compleja burocracia. Así obtienen contratos y evitan pagos de impuestos.

Hay que deshacerse de arribistas y asesores habituados a celebrar los caprichos de sus amos. Estos personajes han nacido para organizar mascaradas, porque la partera pudo observar que ya traían consigo la enfermiza sumisión.

Dios se apiade de Panamá.

El autor es periodista


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