Con el tema “Impulsar los esfuerzos multilaterales para la erradicación de la pobreza, la calidad de la educación, la acción contra el cambio climático y la inclusión”, todos los Estados miembros estamos llamados a participar en la 74 Asamblea General de las Naciones Unidas en septiembre próximo. Panamá, por derecho, podrá emitir un voto a favor o en contra de lo que se plantee en el ínterin de dicha convocatoria.
No cabe duda que este foro mundial cala en la conciencia y en las acciones de todos los actores mundiales que allí convergen, gracias a la revisión de temas que trascienden el interés nacional, regional y mundial.
Esta cita empeña un nuevo reto, enmarcado en nuestros ideales sobre desarrollo sostenible; al igual que la inminente estrategia requerida para enfrentar los desafíos del cambio climático; una mirada rápida pero certera al acontecer mundial en materia de paz y seguridad, un pilar permanente, necesario de pulsar, debido a todas las situaciones críticas que están en curso, que requieren la atención del concierto internacional desde un análisis estratégico profundo.
En realidad, esta cita diplomática busca un debate general capaz de encontrar sinergias en las acciones que ha emprendido cada Estado miembro, y acercar las diferencias que entrañan el interés nacional de cada uno desde su particularidad, o desde su regionalidad, y convertirlo en una oportunidad, la cual debe encajar en este multilateralismo al que hemos sido llamados, para encontrar soluciones tangibles por el bien común.
En Panamá siempre estamos listos para deliberar temas cercanos a nuestro destino y los que están lejos de nuestros alcances también, promoviendo la cooperación internacional, permitiéndonos retomar la comunicación asertiva entre todos, si queremos lograr las metas plasmadas en la Carta de las Naciones Unidas, o en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y cualquier proyecto que emane de ese consorcio de voluntades.
En primera instancia, se hace necesario ir tras la pista de las metas que se pueden alcanzar y que son relevantes para lograr el fin de la pobreza. Sería interesante si al revisar las cuotas y las metas país, detectáramos dónde existe un alto desequilibrio entre la riqueza y desigualdad. Esta dinámica también puede funcionar por región, y de igual forma en los países en donde la riqueza es inexistente y obviamente no hay desigualdad, reciban cuotas de cooperación para el desarrollo, provenientes de un fondo común encaminado para tal fin. Se debería generar un fondo de reserva especial o “Fondo ODS”, para atender temas comunes y que son del interés general, pero sin generar cargas económicas adicionales.
Ahora, si al hablar de Hambre Cero pudiéramos dimensionar lo que la seguridad alimentaria debe significar para cada país, estaríamos asestando a un futuro capaz de ver al pasado, a lo básico y poner en marcha los aparatos productores de alimentos; una sociedad dinamizada con un sector tan importante como la agricultura y todos los subsistemas que le rodean harían una renovada gestión favoreciendo cambios climáticos adversos que en ocasiones devienen de esas actividades.
Las riquezas naturales de nuestros pueblos tienen un valor incalculable, aquí también se hace necesario establecer rutas de acción para conseguir la asesoría técnica para producir, y proteger al mismo tiempo que reducimos a cero el hambre; practiquemos las ventajas comparativas que el mundo nos presenta para acelerar este objetivo.
Por otra parte, tenemos todo el potencial para hacer realidad el ODS - Salud y Bienestar. Si los avances que hemos alcanzado se impulsan aún más, no será tan complicado alcanzar este objetivo y ayudar desde esta palestra a otros Estados miembros con dificultades para lograrlo; reconocer que tenemos una estructura un tanto incipiente, pero con alcances significativos en investigación médico-científica es digno de resaltar en este foro de alto nivel.
Finalmente, en educación, diseñemos el futuro que queremos, necesitamos y somos capaces de alcanzar. Luego, con esta visión, estructuremos sus bases. Perfilemos modelos educativos que han llevado al éxito a países desarrollados, identificando lo mejor de cada sistema educativo internacional y hagamos uno bien integrado y diseñado para nuestra realidad nacional. En definitiva, hay que invertir para lograr los avances que se necesitan y poder contar esta experiencia en foros de alto nivel como pruebas superadas.
Por ahora, nos queda encomendar nuestra representación a los llamados a asistir a tan noble cita y confiar en que las resoluciones o mandatos que allí se levanten sean contentivos de la integración de las ideas más constructivas que el mundo pueda crear desde la reflexión.
La autora es licenciada en Relaciones Internacionales

