Si la partidocracia tradicional logra obtener el poder ejecutivo y legislativo en las elecciones venideras, la posibilidad de una reforma integral de las instituciones políticas y de gobierno se verán completamente desvanecidas. Habría un proceso engañoso de cambio para que nada cambie.
La Asamblea Nacional requiere urgentemente una revisión de sus cimientos normativos y orgánicos; debe ser un órgano de representación legitimado para fomentar la participación ciudadana. Un proceso constituyente con reglas claras que promuevan su integración balanceada es imperativo; evitando que se convierta en una corporación electorera secuestrada por la demagogia y la partidocracia decadente.
Entre las reformas que se deben implementar para tener un órgano legislativo renovado y funcional se requiere:
1-Reducción del número de diputados de 71 a 59.
2-Circuitos provinciales y diputados nacionales.
3-Un nuevo estatuto orgánico de funcionamiento del Órgano Legislativo apegado a los principios más reconocidos del Derecho Parlamentario que haga más ágil esta institución.
4-Carrera legislativa que regule aspectos de recursos humanos y administración interna de este órgano estatal. Esto será un remedio para contener y minimizar el ambiente de corruptela que se ha enseñoreado en la Asamblea.
5-Limitar la reelección a una sola, lo cual elimina una fuente importante de concentración de poder y de gamonalismo clientelista.
6-El Órgano Legislativo debe elaborar su presupuesto como órgano autónomo con participación de instancias ciudadanas y otros entes que funcionen de contrapeso al abuso de poder.
La Asamblea Nacional es un poder estatal de igual importancia que el ejecutivo, pero que debido a la tradición constitucional y práctica presidencialista ha sido mediatizado, sometido y llegado a ser un apéndice del presidente de turno. Actualmente está sumido en la más profunda crisis ética y de sustancia intelectual como para cumplir un rol que es tan importante como el de elaborar leyes: fiscalizar y hacer contrapeso político al órgano ejecutivo.
Con la Asamblea Nacional del presente, el futuro está sembrado de corrupción, falta de decoro y una peligrosa deriva hacia niveles de pobreza moral y social inimaginables.
El autor es psiquiatra y licenciado en Derecho