Pues no, no voy a dedicar una columna completa al bodrio a que nos sometieron nuestros padres y madres de la patria con el tema de las magistradas de la Corte Suprema. Para comenzar, se propuso a dos personas que, desde el día uno, era evidente no contaban con los votos para aprobarlas.
Al margen de sus credenciales, su cercanía al Ejecutivo generó justificadas suspicacias. Si bien es cierto que en ocasiones anteriores eso no ha sido óbice para que se apruebe a cualquier pelafustán, una vez se hizo evidente la falta de apoyo, no era necesario someterlas a más de un mes de cuestionamientos y vilipendio por parte de gente con todo tipo de agendas. Aun así, las llevaron a la arena, para presenciar el anunciado linchamiento.
Si algo positivo salió de este dantesco espectáculo, fue que nuestra flora política (llamarles fauna es un piropo intelectual), salvo escasas excepciones, pudo mostrarnos, en tres horas, todo lo malo que representa. Insultos, grabaciones, acusaciones de delitos y chantaje, y hasta confesiones de deshonestidad, solo confirman que se hace imperativa una campaña nacional para no reelegir a ninguno. Por muy malos que pudieran ser otros, dudo que puedan ser peores que estos.
Y ahora, volver a empezar con un proceso cada vez más político, y donde cada uno jugará su papel, al margen de lo que convenga al país. Una opción es que el Ejecutivo proponga a las dos personas que mejor evaluación obtuvieron cuando se cumplió con el escrutinio público de los candidatos. Así, habría menos excusas para el rechazo. Aunque de nuestros paramecios legislativos, nada debe sorprendernos.
Volviendo al tema de hoy, sigue calentándose el matrimonio igualitario. La Corte IDH, en un detalladísimo documento, explica por qué considera necesario que todos los países parte del Sistema Interamericano de Derechos Humanos establezcan las bases para legalizar las familias formadas por parejas homosexuales y que se reconozca legalmente la identidad de género de las personas.
Dicha “opinión consultiva” pedida por Costa Rica, no equivale a un fallo, pero deja clara la postura de la Corte IDH ante el tema. Además, es consecuente con fallos previos, donde siempre se han manifestado a favor del matrimonio igualitario, con todos los derechos y deberes que tiene el matrimonio entre heterosexuales.
Como era de esperarse, los mismos fanáticos de siempre saltaron a buscarle la quinta pata al gato amenazando con otra marcha de acarreados. Ahora, como parece que la ven perdida, están usando todo tipo de leguleyadas para retrasar lo que tarde o temprano va a pasar.
El argumento favorito es que una “opinión consultiva” no es vinculante más que para el país que la solicita. Técnicamente, pudiera ser cierto, pero es un pataleo de ahogado. Por si no lo han notado, es obvio que si la CSJ fallara en contra de las parejas que interpusieron las demandas, el siguiente paso será poner un pleito ante la Corte IDH, la cual, de acuerdo con su propia jurisprudencia, condenará a Panamá y la hará (por las malas) aceptar los matrimonios de parejas homosexuales.
El otro arrebato es que si se aprueba el matrimonio se les permitirá adoptar niños.
Pues, obviamente, dar todos los derechos, incluye la adopción. Con la evidencia científica en contra, sus argumentos se limitan a decir que un niño tiene derecho a un padre y una madre, lo cual, de cumplirse de manera estricta, obligaría a quitarle los hijos a las madres solteras, a quienes enviudaron o a quienes su cónyuge los abandonó.
Donde el argumento termina, es al preguntar si los niños estarán peor en una familia homoparental, que haya pasado todos los filtros para lograr la adopción, que en un orfanato. Allí, sigue silencio.
Incluso, algún representante de Frenasexo propuso que Panamá se niegue a cumplir lo que diga la Corte IDH. Con eso, demuestran un atrevido desconocimiento de las más elementales normas de convivencia ante las instancias multilaterales de derechos humanos.
También, reniegan contra la canciller, el magistrado Valdés Escoffery y el procurador de la Administración, quienes deben recordar que, ser criticados por semejante gente, es para ponerlo en el currículum.
Pero lo que rompió todos los moldes fue el “auto de fe” que firmaron curas y pastores la semana pasada. En él “rechazan los conceptos emitidos por la Corte IDH, pues [siéntense bien], se contraponen al evangelio”. Aquello tuve que leerlo varias veces para verificar que estaba leyendo bien. Esta gente parece que pretende llevarnos de vuelta al siglo XVII, cuando la Iglesia dictaba las leyes. Y quien no las cumplía era sometido a un “auto de fe” en la plaza pública, donde se le exigía arrepentirse de sus herejías antes de quemarlos en la hoguera.
La opinión del arzobispo fue de récord Guiness cuando dijo (leer con entonación arzobispal) “ahora va a resultar que los normales somos los que estamos mal”… Mejor ni comentar...
El caso es que estos defensores improvisados de la moral latinoamericana no se percatan de que en nuestro continente ya reconocen el matrimonio entre personas del mismo sexo Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Estados Unidos, México, Ecuador y Uruguay, lo que demuestra una clara tendencia regional de permitir las familias formadas por parejas del mismo sexo.
Esperemos que la CSJ entienda que no es necesario darle largas a un asunto que es evidente cómo terminará. Y que, por mucho que insistan, Torquemada se murió hace mucho tiempo…
El autor es cardiólogo