El titular del artículo publicado en el blog del Diálogo Interamericano es alarmante. “Bajo conocimiento cívico y actitudes antidemocráticas”, son las conclusiones de la participación de alumnos de octavo grado de cinco países de América Latina –Colombia, Chile, México, Perú y República Dominicana- en el Estudio Internacional de Educación Cívica y Ciudadana 2016 de la Asociación Internacional para la Evaluación del Logro Educativo.
Tenemos el desafío regional, además de los retos de lograr educación incluyente y de calidad, de formar en conciencia cívica y ciudadanía. Es peligrosa la racionalización del autoritarismo para la estabilidad democrática y el futuro de la región. Es peor aún debido al desconocimiento juvenil en conceptos básicos de ciudadanía, participación, actitud cívica, Estado de derecho y cultura de la legalidad.
Incrementa el impacto exponer a los jóvenes a espacios de formación cívica y ciudadana que trasciendan la tradicional educación formal. El grado de eficacia de la educación cívica y la formación ciudadana son determinantes para blindar a nuestra juventud de racionalizaciones de conductas ilegales, autoritarias o intolerantes.
Mientras tanto, un experimento se fragua en la Ciudad del Saber: 50 jóvenes entre 15 y 27 años, de distintos contextos, representativos de nuestra diversidad socioeconómica, cultural, étnica y geográfica, convergen para aprender a ejercer de manera proactiva su ciudadanía e incidir en las políticas públicas.
Han sido escogidos con esmero. Son líderes y tienen potencial como agentes de cambio. Dialogan con expertos y conocedores, mientras construyen, con inspiración creativa, sus proyectos de incidencia. Quieren cambiar sus comunidades, sus barrios y sumar regiones, provincias y, por qué no, todo el territorio nacional.
No se distraen. Retienen a expositores y debaten, de manera sensata y madura, para sus verdes años. Quienes los observamos nos asombramos. Tan diferentes, tan similares. Muchos nos decimos, “hay esperanza”, mientras nos admira su esfuerzo por llegar a clases, algunos viajando de madrugada, desde todos los puntos del país, para jornadas intensas y extensas de interacción, trabajo y resultados.
Abrazan a panelistas y agradecen que compartan con ellos su tiempo. Son exigentes. Sacan de su zona de confort a quienes los formamos. No cejan.
El Laboratorio Internacional de Incidencia Ciudadana es un experimento que debe llevarnos a poder replicar la experiencia en cada rincón del país. Este esfuerzo colaborativo entre Educación 2020 de Chile, Unidos por la Educación y Jóvenes Unidos por la Educación de Panamá puede ser el referente regional. América Latina lo merece. Necesitamos buenos ciudadanos que lideren, con conciencia cívica y ética.
¡Basta ya de seguidores!

