La industria minera es una actividad económica cuya influencia en el desarrollo económico de cualquier país es difícil de negar. Sin embargo, sus impactos ambientales hacen necesario detenerse a evaluar qué es más importante, la ganancia económica inmediata o las consecuencias a futuro.
Haciendo particular referencia a la explotación minera a cielo abierto, es menester recalcar que existe un consenso en las opiniones sobre el tema, en el sentido de que ninguna actividad industrial es tan agresiva e invasiva como esta modalidad de explotación, debido al efecto medioambiental que genera.
Este tipo de explotación suele ser implementada cuando los yacimientos tienen poca profundidad, tiene menor costo e implica una mayor seguridad e higiene de los trabajadores. Es una opción técnica por la cual se inclinan las empresas dependiendo de las condiciones geográficas, distribución del mineral, entre otros factores.
Si bien su implementación puede que no carezca de sentido a nivel de rentabilidad económica, me pregunto si estamos perdiendo de vista lo más invaluable y probablemente el efecto a futuro, quizás irreparable, de esta práctica.
La minería a cielo abierto hace uso de grandes cantidades de cianuro, mercurio y ácido sulfúrico, sustancias altamente tóxicas, las cuales se filtran hacia el subsuelo, ocasionando contaminación tanto en las aguas subterráneas como superficiales. Aunado a ello, se generan daños a la superficie de la corteza terrestre, contaminación aérea y sonora, así como impactos directos sobre la flora y fauna debido a las modificaciones de su hábitat natural.
En definitiva, nos encontramos ante una situación donde hay que preguntarse si el fin está justificado.
Particularmente, considero que no. Actividades como estas resultan contraproducentes al constante intento del ser humano por prolongar la esperanza e incrementar la calidad de vida. Construir en un sector y destruir en el otro anula completamente el esfuerzo.
Permitirnos observar el panorama completo y alinearnos en la misma página es lo que va a permitir garantizar la supervivencia humana, más allá de la economía de una nación. Cuando se pierde la orientación, es importante regresar a los principios básicos para encontrar las respuestas más salomónicas.
Ciertamente, es idealista pensar de acuerdo a lo anterior expuesto, pero con pequeños pasos haríamos grandes cambios. Si bien es irreal erradicar este tipo de actividad económica, lo ideal es que se lleve a cabo con la mayor prudencia posible.
La autora es estudiante de maestría de la UIP