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ADOLESCENTES

‘Bien que les gusta’

Este diario publicó el reportaje Panamá, tercero en tasa de fecundidad en jóvenes [de 15 a 19 años], firmado por la periodista Aleida Samaniego. En Twitter, un médico de la localidad argumentó que “[las] niñas embarazadas constituyen un acto delictivo”. Una doña le contestó que “de 15 a 19 años ya no son tan inocentes. Muchas nos dan cátedra”.

En Panamá no hay datos ni estudios que confirmen qué cantidad de la totalidad de embarazos en adolescentes anualmente son producto de una relación consentida o impuesta. Entonces, ¿por qué nos atrevemos a etiquetar de maestras del coito a adolescentes de 15, 16, 17, 18 y 19 años? Usted no sabe si el responsable de esa barriga está en su entorno familiar, si es su propio padre, padrastro, abuelo, tío, primo o amigo de la familia. Usted no sabe si la barriga es obra del compañerito de clases que no sabe cómo ponerse un condón o si fue obra del profesor, el busero o el taxista, o el papá de su mejor amiga. Las probabilidades de abuso sexual son más, pero preferimos ver el diablo en la chiquilla que se le metió al hombre por los ojos. En esta sociedad enferma, que normaliza la violencia sexual del hombre hacia la mujer, culpamos a la víctima y, si hay un victimario, lo solapamos. Sobre todo si es familia nuestra. Preferimos callar antes que hacer respetar la vida de una niña o adolescente, como nos exige el artículo 34 de la Convención sobre los Derechos del Niño.

Esas diosas del sexo que usted se imagina no existen. No tienen el conocimiento científico ni el criterio formado para negociar el uso del condón, suponiendo que la intimidad es consentida; no saben cuidar su salud sexual de infecciones de transmisión sexual y lo más probable es que el coito no sea placentero para ella.

En el documental Sexo y amor en todo el mundo, la sexóloga alemana Ann-Marlene Henning afirma que los jóvenes pasan de cuatro a seis años replicando el sexo de las películas porno en sus relaciones, hasta que se percatan de que eso no es sexo real. En toda porno, la mujer está para dar placer al hombre, para ser humillada, maltratada. Ella es un objeto, no una persona. No obstante, preferimos pensar que nuestras adolescentes son unas ninfómanas.

“Las chiquillas de ahora saben más que una”, dicen, pero las premisas falsas se caen con evidencia. En Panamá, el grupo etario con mayor incidencia de papiloma virus es el de 15 a 19 años, según un estudio del Instituto Conmemorativo Gorgas de Estudios de la Salud. Algunas de las cepas de este virus causan cáncer cervicouterino.

Este problema de salud pública que está mermando la salud y el desarrollo intelectual de la mitad de la próxima fuerza laboral panameña no lo enfrentamos con seriedad, sino como bochinche. Estado cómplice.

La autora es periodista 


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