La última vez que revisé cifras de la Superintendencia de Bancos, en el istmo hay 48 bancos de licencia general. Una cantidad de bancos astronómica para un país de tan solo 4 millones de habitantes. Si agregamos a esto que de acuerdo con cifras recientes de la Contraloría General los sectores de Intermediación Financiera y Comercio son de los más relevantes de nuestra economía, creo que urge tomar medidas para garantizar nuestra competitividad como país en estos sectores a largo plazo a través de iniciativas disruptivas.
Permítame traer a la escena a Narenda Modi, primer ministro de India, nuevamente. Modi lidera un país con un PIB per cápita mucho menor que el nuestro, $1,709, y significativamente más grande, 1.3 billones de habitantes. Si el equipo de Modi fue capaz de implementar una política de demonetización en la que eliminaron cerca del 86% del efectivo en curso en una noche con tal de atacar la economía subterránea y de implementar una billetera electrónica como lo es la Interfase Unificada de Pagos (UPI, como se le conoce por sus siglas en inglés), creo que Panamá está en una posición de lograr algo similar con impactos aun más rápidos y controlados. Tecnologías como UPI habilitan y permiten la emisión y recepción de pagos de personas a través de tecnologías simples como códigos QR.
En Panamá, según cifras de la ASEP, existen 170 teléfonos móviles por cada 100 habitantes, en otras palabras, las herramientas habilitadoras ya están. Ahora, ¿qué beneficios trae implementar políticas como estas? En India, por ejemplo, ya hay logros tangibles. La bancarización masiva de ciudadanos ha traído como consecuencia un incremento significativo en el otorgamiento de créditos principalmente a las personas que antes no tenían acceso al mismo o, como dirían los economistas, estas políticas han creado nuevos segmentos de mercado. La recaudación de impuestos ha sido otra gran ventaja de dicha iniciativa, aumentando la recolección en 24%, de acuerdo con la revista Forbes.
Con una tasa de bancarización menor al 50%, Panamá aún tiene mucha tela que cortar y debe aprovechar los beneficios que la tecnología nos da para hacer estos saltos cuánticos. Al dar dichos saltos podríamos incrementar la demanda, desarrollar industrias relacionadas como el comercio, habilitar el emprendimiento, aprovechar y desarrollar aun más nuestra industria financiera y, por qué no, crear un mercado más competitivo. Si el Gobierno, a través de la AIG u otras entidades, genera un esquema de incentivo apropiado para el sector privado, las iniciativas ni siquiera tendrían que ser impulsadas por él. Volviendo a India, la tecnología que impulsa el UPI es una adaptación de una creada por la empresa más grande de pagos digitales llamada PayTM. Las innovaciones no deben solo ser impulsadas por el Estado, pero este sí tiene que ayudar a habilitarlas.
Por último, ya que ayer repasamos lo que son las criptomonedas, aprovecho para dejar en el paladar una iniciativa más poderosa. Estoy convencido de que Panamá, por su tamaño, es un sitio perfecto para ejecutar iniciativas experimentales que nos pongan a la vanguardia. Agregado a esto, con nuestro balboa (PAB), una moneda que para términos prácticos no existe, tenemos una excelente oportunidad: crear nuestro criptobalboa e implementarlo efectivamente.
China y Japón, en respuesta al bitcóin, ya han tratado de lanzar su propia criptomoneda, pero en economías tan grandes tales proyectos son a plazos muy largos. Hacer esto para Panamá significaría grandes oportunidades, como la de finalmente tener control sobre su política monetaria doméstica, esto sin perder el dólar americano como moneda de respaldo, tendríamos lo mejor de los dos mundos. A la vez una iniciativa de esta talla facilitaría el flujo de capital al país. El criptobalboa es una iniciativa que es significativamente más complicada de explicar en una serie de artículos, pero es una que creo vale la pena explorar.
En conclusión, Panamá tiene la oportunidad de aprovechar la coyuntura y evolución actual de la tecnología para colocarse en una posición de liderazgo de las industrias que siempre nos han dado de comer, y así garantizar nuestro crecimiento económico en el largo plazo, de menos corremos el riesgo de quedar rezagados en el pasado. Solo debemos tener la voluntad de ser visionarios, atrevidos y querer ejecutar.
El autor es financista y cursa una maestría en el MIT en Boston
