UNIVERSIDAD DE PANAMá

Burocracia y mercantilismo condenan a la educación

Existen dos factores en la administración, pública y privada, que confluyen en perjuicio del ciudadano y la sociedad en general: la burocracia, por un lado, y el mercantilismo por el otro. La primera, en su origen etimológico designa a quien hace un trabajo administrativo como parte del andamiaje estatal; no obstante, con el tiempo, ha adquirido una connotación negativa debido a sus efectos desbastadores en los procesos que se realizan con el fin de dar respuestas a las necesidades de los ciudadanos. La segunda, el mercantilismo, tiene efectos aún más evidentes, pues le interesa succionar la riqueza y dirigirla hacia un grupo específico de inversores, sin importarle la sociedad donde se han integrado.

Esos dos personajes metafóricos, forman mancuerna, y no necesariamente para ser en su conjunto más eficiente y eficaz la tramitología de las obras diseñadas para beneficiar a la sociedad. Por el contrario, se conjugan en beneficio de un grupo de individuos y ambos se cobijan bajo el beneficio de la ley. Me surge, por tanto, la pregunta: ¿quién protege al ciudadano? O, ¿acaso le interesa a alguien protegerle?

Pensemos en cuántas veces se ha licitado la construcción de un hospital o de una escuela o la adquisición de instrumentos hospitalarios o medicamentos o equipamientos, sin ver los resultados esperados por los usuarios de esos servicios. El indefenso ciudadano siempre espera; en salud, él puede morir en la espera. Igual que sucede con la educación, cuyas consecuencias son aún mucho más desastrosas, pues condenan a la marginación durante la vida.

Esos hechos no son más que el reflejo de la tragedia cotidiana de una sociedad subdesarrollada como la nuestra. Y usted, lector, tendrá un número plural de ejemplos, pero les comparto uno que podría estar en riesgo. Se trata del presupuesto de inversión asignado, por primera vez, a la Facultad de Ciencias Naturales, Exactas y Tecnología de la Universidad de Panamá. Son solo 30 millones de balboas para mejorar su infraestructura (lo requiere con urgencia) y equipar sus laboratorios para fortalecer el proceso de enseñanza, aprendizaje e investigación. El impacto de esta inversión, que, si bien es poca respecto a la que se requiere puede verse afectada por la burocracia y el mercantilismo. Espero que estos “personajes” reflexionen sobre las consecuencias que podría tener su actuar en la educación de los varios centeneras de estudiantes (casi 3 mil por semestre), que reciben instrucción en las aulas y laboratorios de esta facultad universitaria.

Quienes formamos, confiamos en que nos permitan alcanzar los objetivos propuestos para la consecución del financiamiento otorgado, pues el efecto puede ser positivo si se facilita la adquisición de bienes y servicios. Lo contrario podría ocasionar un desastre que repercutirá en la formación futura de médicos, enfermeras, ingenieros y profesionales de las ciencias básicas; alcanzando a la educación premedia y media del país.

Que la burocracia y el mercantilismo en lugar de condenar, por el contrario, contribuyan a forjar las nuevas generaciones que requiere el desarrollo nacional. Sé que es posible trascender sobre nuestros propios intereses.

El autor es profesor titular III de Química Orgánica, en la U.P.

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