Dejé de escribir (después de 14 artículos), pero no puedo sustraerme ante el enorme esfuerzo que hace la sociedad civil (debate nacional y diversos foros de Apede-CC-Conep, etc.) y sectores políticos, por la enfermedad grave, terminal y sin diagnóstico de la Caja de Seguro Social (CSS). ¿Qué hacer ante un enfermo así? Primero el diagnóstico y después tratamiento lógico. Con la situación actual, la visión-misión de la CSS es imposible de realizar.
La CSS no es autónoma, está controlada por el círculo cero del Ejecutivo, y manejan a su libre albedrío: 1. Presupuesto (5,400 millones de balboas) 2. Junta directiva (dos ministros en ella). 3.Actuación del director general (recordar que despidió a un funcionario y tuvo que restituirlo en 24 horas).
El innegable secuestro es la realidad de la CSS; es un botín de campaña política. Tiene dos grandes brazos corruptos como lo muestra la figura aquí expuesta, a saber:
A. Político o trinchera para colocar los cuadros cercanos al presidente entrante, considerados los mejores, sin importar probidad ni méritos, solo amistad y familiaridad, lo que ocasiona el desastre administrativo, falta de medicamentos, de reactivos, citas prolongadas en consulta, cirugías y estudios de laboratorio, imágenes, gabinete y patología. Ya hemos escuchado de cuadros en diversos partidos que se están repartiendo posibilidades de entrarle al botín de la CSS.
B. Económico. La CSS es considerada: 1. caja menuda del gobierno en el poder: recordar que a pesar de descontar por planilla a los casi 240 mil funcionarios públicos, el gobierno le debe a CSS 50 millones de balboas en cuotas obrero patronales. 2. Fuentes de dinero fácil para niveles superiores, en compras masivas, construcciones de hospitales, alquileres, externalizaciones, etc. Ejemplos: el Hospital Regional David, con 300 camas, 1974, costó $13 millones; Hospital J.D De Obaldía, igual capacidad, 2005, $45 millones; el Chicho Fábrega en Santiago, igual capacidad, 2015, $132 millones y este gobierno trata de construir el Hospital del Norte, que no es prioridad, por $200 millones. ¿Dinero fácil? Ciudad de la Salud proyectada en $550 millones, 5 años, lleva 57% de realización, con $535 millones gastados, por evidente incapacidad de quienes tienen la responsabilidad administrativa y de supervisión.
Este secuestro hace que no exista ni institucionalidad ni gobernabilidad y sí una gestión mediocre, improvisada, deficiente, sin transparencia, con mucha burocracia (ministro no acepta el término) e indolencia; y ningún sentido de pertenencia, ni de dar el valor agregado que requiere este tipo de trabajo en donde la labor técnica carece de verdadera humanización en un porcentaje elevado de funcionarios.
La disciplina existente es muy laxa, cero rendición de cuentas en los santuarios y parroquias médicas que deciden, por vía propia, sus horas y formas de trabajo que llaman “mi norma”. Este tipo de indisciplina favorece la distribución sui generis de funcionarios, sin supervisión alguna, que compruebe justificación y eficiencia, desconociendo las normas y protocolos de la ley 51, y con gran discrecionalidad de los mandos superiores dirigidos desde palacio o círculo cero, en compras, alquileres y construcciones, con frecuentes sobreprecios, adendas, sobrecostos y llave en mano (cero competencia-supervisión) que ha demostrado ser una burla y fraude para la institución.
La situación para esta entidad gravemente enferma y sin diagnóstico alguno, es la que diferentes entidades de la sociedad civil y organizaciones políticas pretenden resolver con la consabida tendencia del panameño: “yo creo”, “yo propongo”, “a mí me parece”, “yo pienso” o “lo que pasa es que el director general o la junta directiva no sirven para nada de eso”. Así iremos al fracaso.
Para evitarlo se necesita:
1. Conocer la verdad, o sea, el diagnóstico real, evaluación independiente, por personal idóneo y del extranjero, evitando así conflicto de intereses e informes sesgados, como ocurre en las comisiones de alto nivel. En ellas inconscientemente tratan de legitimizar lo que muchos consideran conquistas en reducción de obligación de su trabajo diario (8 horas diarias y 40 horas a la semana, por ley). Como no existe supervisión y rendición de cuentas de los más de 30 mil funcionarios que tiene la institución hoy día, la indisciplina es la realidad.
Una vez realizada esta auditoría independiente, una comisión de notables nombrada por la sociedad civil y el Gobierno harían correctivos razonados, lógicos, coherentes y democráticos. Si a un médico solo le interesa trabajar cuatro horas, se le nombra por esas cuatro horas obligatorias.
Requerimos una verdadera comprensión de la visión y misión de CSS mediante un real cambio de actitud y del statu quo. De no darse este cambio, ni Superman, Batman y demás miembros de la liga de la justicia podrán lograr hacer renacer a la CSS.
Después de 50 años de trabajo en la CSS, con ejecutorías positivas, tanto en atención de pacientes, como en administración, docencia y academia nacional e internacional, he logrado tener la competencia, sentido lógico y coherente para proponerle al país que si no determinamos las obligaciones y la producción de trabajo de cada funcionario y su obligación al cumplimiento de su contrato, y hacemos que el rendimiento de cuentas sea real, que debe existir en una entidad con institucionalidad y gobernabilidad, no salvaremos al Seguro Social y continuará como botín de los políticos que en su gran mayoría es lo que buscan.
El autor es médico jubilado
