La noticia titulada Salud en apuros, publicada el pasado martes 7 de noviembre, me parece muy razonable. De mi parte podría agregarle “deshumanizada totalmente y patrocinada por franca ineficiencia administrativa y total desconocimiento de las autoridades superiores”, arrastre degradante de muchos años atrás, la cual requiere un cambio de actitud, que ninguna autoridad se ha atrevido a gestionar, por compleja.
La posición de los dirigentes gremiales, quienes tibia y salomónicamente dicen, “se observa desorden en los procesos establecidos que no permiten dar una respuesta humanizada a los pacientes”, pero la realidad es que no se interesan por lograr un cambio de actitud real, para el cual se necesita a todos.
A esta tibia posición gremial se une el hecho de que no existen registros reales y objetivos, de la producción de trabajo diario, que permitan hacer los ajustes que son prioridad; cada sector se maneja con sus propias normas y el director general, sin un diagnóstico verdadero, solo dice que hay que mejorar la calidad de atención de los 3.5 millones de derechohabientes.
La estrategia para mejorar la situación de la Caja de Seguro Social (CSS) debe comenzar por determinar qué produce cada quien, tema sobre el que, pareciera, que no quiere inmiscuirse y es su obligación, antes de hablar de programas de promoción de salud, a todas luces, para usarlo como promoción de su gestión, sin ir al meollo del problema, es igual a poner una curita en una herida grande.
Por supuesto, busca justificación para proponer construir facilidades sanitarias, sin que importe el estatus de las actuales, sin ningún mantenimiento, que por los patrones de conducta de la administración anterior, significan fuentes de dinero fácil, en sobreprecios, adendas y sobrecostos, proceder muy lamentable.
Definitivamente no se necesitan más hospitales Dr. Alfredo Martiz, ni en Arraiján ni en Panamá norte ni en ninguna otra comunidad, lo que hay es que lograr que los actuales produzcan lo que deben y no escudarse en excusas egocéntricas, de “falta de camas” que no hacen falta, si se rotaran con visitas humanizadas por especialistas, 24/7/365, que establece la medicina basada en la evidencia.
Esto permite el tratamiento oportuno, no son camas de hotel, sino de hospital, situación que no es una realidad actualmente en el porcentaje elevado de casos.
Primero hay que hacer que las camas actuales produzcan lo que de ellas se espera, con eficiencia, no existe hoy día, nadie se atreve a aceptar y corregir, y no seguir escudándose en más camas, lo que es igual a echar un balde de agua a un río, hay que cambiar la actitud de los actores, con liderazgo y firmeza.
Por otro lado, no existe cultura de planificación y supervisión en las nuevas construcciones, la Ciudad de la Salud bien planificada con su personal y equipamiento debido y normas obligatorias de cumplimiento de horario, real y efectivo, que determina cada contrato, requiere de talento administrativo. Nada de amiguismo o política, solo meritocracia.
En David, igual, huérfanos de real supervisión y planificación las cosas caminan porque tienen que caminar, y los errores son inmensos. Con problemas en la homologación de espacios de elevadores y área de construcción, pero además no hay sitio para estacionamientos de los que acudan a las tres torres y tampoco se ha detectado y planificado el personal que sería necesario, todo sigue el patrón de conducta de mediocridad e improvisación, muy alardeado mediáticamente.
Y lo más grave, solo existe una vía de entrada o acceso para los cinco hospitales o torres que ahí van a existir y a nadie le importa, y mucho menos actúan ahora que hay tiempo para remediar este problema.
Todo es lograr que se cumpla con las normas y reglamentos de la institución, y que exista rendición de cuentas o sea cambio de actitud.
El autor es médico jubilado.