La Facultad de Medicina de la Universidad de Panamá está destinada a construirse, no a un lado de la Ciudad de la Salud, sino a un costado del histórico Camino de Cruces. En esta ocasión, gracias a la decidida participación de Patrimonio Histórico, la Alcaldía de Panamá, el Ministerio de Ambiente, el Ministerio de Salud, la Caja de Seguro Social y el Decanato de la Facultad de Medicina, dignamente representado por el doctor Enrique Mendoza, se dio la promesa de mantener incólume el vetusto empedrado, símbolo de la representatividad de las rutas coloniales en Panamá. Después de varias reuniones a alto nivel, muy amenas por cierto y con él deseo manifiesto de conjugar la modernidad con la antigüedad, estaremos todos dando un claro ejemplo de buena voluntad y de que sí se pueden hacer las cosas, si hay la disposición de hacer patria.
Las normativas claramente definidas por Patrimonio Histórico y la Alcaldía de Panamá, diligentemente representada por la vicealcaldesa Raisa Banfield, a la empresa que resulte contratada para el desarrollo de la obra, es la de darle prioridad a las medidas de mitigación. Ello implica la servidumbre de paso libre al camino, el respeto del empedrado, la colocación de vallas y letreros de “camino colonial”, el alejamiento de la maquinaria en la faena de movimiento de tierra, informar de inmediato si aflora algún objeto arqueológico y un supervisor que esté pendiente de cualquier anomalía que pueda darse en el transcurso de las obras de construcción.
Hay que evitar a toda costa las posturas recalcitrantes y de indiferencia que se dieron en la planificación del Mercado de Abastos y Cadena de Frío. A pesar de las protestas de los conservacionistas y de la comunidad organizada de Clayton, más de 600 metros del camino español fueron vergonzosamente defenestrados por la indiferencia de los directivos del gobierno anterior, que se negó a dejarle la servidumbre de paso al derrotero caminero de Cruces.
Nosotros como amantes de la historia y la conservación de la naturaleza, nos mantendremos en alerta y celoso vigilante para que todo salga bien y las presentes y futuras generaciones puedan disfrutar de una hermosa alameda florida en vegetación y recuerdos del Panamá colonial.
El autor es explorador y conservacionista