CRISIS DEMOCRáTICA

¿Caminos de salida?... ¿soluciones?

Si llegamos a reconocer en consenso que la democracia está en crisis… y a la vez reconocemos que la fuente principal de la crisis es la desigualdad persistente que se traduce en injusticia, habremos avanzado en definir la crisis, primer paso requerido para procurar identificar posibles caminos de salida. Ideológicamente, ni la extrema izquierda (Venezuela, Nicaragua) son soluciones, ni la extrema derecha es solución (EEUU, Inglaterra), ni las medias tintas (Chile, Panamá) resuelven el problema de desigualdad, frustración y rabia de la población vulnerable. Y ( además) en todos los sistemas ideológicos hay un grave problema transversal que lo afecta todo: la corrupción y la impunidad producida por sistemas de justicia que son tan solo simulacros que se doblegan ante el mejor postor.

El problema es que todo lo conocido de todos los colores de bandera ideológica y política, no es respuesta (¿no representa una solución?) .

El sistema democrático, el mejor y más libre de los sistemas de gobierno que ha conocido la humanidad, es lo que está en crisis… por eso la libertad de la humanidad entera está en juego.

Ahora, volvamos a Panamá. El buen crecimiento económico en general no ha significado (representado) desarrollo económico… no ha resuelto el grave problema de la desigualdad.

Sabemos que no puede haber desarrollo y (ni) reducción de la desigualdad extrema sin crecimiento económico, y que para que exista crecimiento el sistema económico debe incentivar la inversión de empresarios nacionales y extranjeros, y el emprendimiento de micro y pequeños empresarios, quienes son la base que mayores empleos generan (¿son la base que genera la mayoría de empleos?). O sea, que tiene que haber producción de riqueza para procurar distribuírla y (¿distribuírla para?) favorecer a los que se van quedando relegados.

Lo tradicional es que el redistribuidor es (¿sea?) el gobierno, que cobra impuestos a los más ricos y distribuye en servicios públicos a los más pobres. En la práctica, este sistema, teóricamente perfecto, tiene distorsiones: los gobiernos no cobran lo debido en impuestos y los politizan, recurren (¿recurriendo?) a impuestos fáciles de cobros como el ITBM, pero que son los más injustos, porque pagan por igual pobres que (¿pobres y ricos?. Los subsidios necesarios también los politizan… y crean terrible dependencia… y los servicios básicos como (¿básicos que atienden?) salud y son desastres administrativos también politizados.

El sistema requiere un revolcón que conserve lo bueno y produzca cambios radicales en lo malo.

Propongo, por ejemplo, un sistema de participación en lo económico que permita que el trabajo participe desde la empresa en la producción y beneficios de la empresa saltándose el gobierno. Empresa que tenga un sistema de participación de utilidades al 100% de su personal y que reparta, luego de un rédito razonable al Capital, no menos de 50% en su impuesto sobre la renta de empresa, y el mismo descuento a sus empleados. Democraticemos así el sistema económico del país. Aumentarán las Utilidades y eliminemos el “ellos y nosotros”, y (nosotros así) todos los empleados ganarán mucho más.

Cambiemos el salario mínimo por “ingreso mínimo” y pongámoslo en mil dólares mensuales, que estará más cerca de lo que cuesta vivir.

Que las empresas, en vez de tener “programas de responsabilidad social”, se conviertan en empresas socialmente responsables.

Que el Banco Nacional de todos los panameños inicie un multimillonario programa de micro crédito para emprendedores con un plan previo de entrenamiento.

Que el proyecto de Barro Blanco de la comarca, según el acuerdo firmado y abandonado, pagada la deuda bancaria, pase a ser la primera gran propiedad de la Comarca, usando la asistencia de los experimentados indígenas canadienses.

...Y que los grupos estudiantiles jóvenes se organicen para construír una visión de la sociedad democrática participativa dedicada a resolver la grave inequidad social que vive el país. Y que inmediatamente se sumen a la Concertación Nacional, de tal manera que sean una mayoría de los representantes, haciendo uso de espacio, inyectándole el vigor y compromiso que han demostrado de sobra.

¿Locuras?... No. Experiencias de que la participación y la inclusión son vitales (...¿son vitales?) para encontrar caminos de salida a la crisis. Estas son algunas ideas; faltan las suyas ¡Mañana es tarde! a quienes?) hemos estados esperando! ¡A construír!

El autor es fundador del diario La Prensa

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