Una noticia que pocas horas después de haber circulado fue desmentida en casi toda su extensión, me llevó a reflexionar sobre la importancia que la idea pudo haber jugado en las elecciones. Pero, parece que no será así.
Se dijo que cuatro candidatos presidenciales independientes habían anunciado su intención de presentar una opción electoral diferente.
La iniciativa, del señor Ernesto Cedeño, había sido respondida por la señora Ana Elena Porras y los señores Miguel Antonio Bernal y Ricardo Lombana.
La idea es loable. Anuncia un mensaje de intereses personales dispuestos a subordinarse al bien común. Un buen ejemplo. Son ellos, reconocidos profesionales de diversas disciplinas.
El acuerdo de los independientes tendría que convencer al electorado de que vale la pena llevarlos al poder y debería ser acompañado de un discurso enérgico y valiente de rescate de valores. Algo que los políticos tradicionales eluden por ignorancia, miedo o corrupción ideológica, que también existe.
Pero esta convicción, que es necesaria para todos, no puede ni debe llevar al ciudadano a emitir un voto castigo. Sería irresponsable.
Del voto castigo nacen los Perón, los Chávez y los Maduro con más probabilidades de triunfar que las de un Belisario Porras, por ejemplo.
Con la mirada puesta en el bien común (bien entendido), pueden hallarse más caminos y ejemplos que respondan a los problemas de más urgente solución.
A los independientes, no políticos, se les aplica aquello de que quizá sea mejor “lo malo conocido que lo bueno por conocer”. Ser un buen político es un don muy positivo y deseable. Pero, también los hay con el don del errar, que es “la falta habitual de acierto…”.
En las próximas elecciones en nuestro país, como en todo el mundo, la política se encuentra amenazada por una revolución cultural negativa, que debe rechazarse con la verdad, con miras al bien común.
A esta situación negativa se ha llegado por la dinámica de los cambios. Pero, cambios que no han sido siempre positivos ni buenos. El socialismo, el comunismo, el fascismo, son ejemplos terribles que no se supieron enfrentar a tiempo ni con la energía que da la posesión de la verdad, como exige la democracia.
Por eso es que el papa Francisco ha dicho (para todos los hombres) que “Un buen católico debe entrometerse en la política”. Nos recuerda que la doctrina social nos enseña que “la política es una de las formas más elevadas de la caridad, porque sirve al bien común”. Y nos advierte que no podemos hacer como Pilatos, que se lavó las manos. “Tenemos que dar algo”.
Y, todo político culto y bien informado, sabe que el bien común, como dijo Juan XXIII; “Abarca el con junto de aquellas condiciones de la vida social, con las cuales los hombres, las familias y las asociaciones pueden lograr con mayor plenitud y facilidad su propia perfección”. (Pacem in Terris).
El autor es docente universitario