Soy joven en transición: pronto cumpliré 22 años. La juventud es tan temporal como una gaviota en el horizonte. Abrigo, no obstante, la esperanza de una juventud empoderada, defensora de la democracia, idealista como la generación de los héroes del 9 de enero, quienes, hace 55 años, se alzaron frente al imperio con el justo y valiente reclamo: un solo territorio, una sola bandera.
Preocupa la tendencia, entre mis contemporáneos, de observar con apatía y recelo formar parte de los procesos políticos como protagonistas. Prefieren ser meros espectadores y críticos de sucesos coyunturales, que impiden mirar el futuro como corresponde. Obviamos pensar en el futuro de quienes apenas están naciendo y para quienes seremos su “ejemplo a seguir”.
Me pregunto, ¿cuándo pensaremos en el futuro? ¿Cuándo entenderemos nuestro rol en la democracia? ¿Cuándo seremos como aquellos valientes jóvenes que salieron a luchar en la calle contra la dictadura y murieron en el proceso de restablecer nuestra democracia? Pero, tal vez más importante: ¿cuándo dejaremos de pensar en el yo, para comenzar a pensar en el nosotros?
La realidad es que esta carta no es solo dirigida a ustedes, señores candidatos, esta es una pieza que como en su momento el gran José Ortega y Gasset proclamó: ¡Argentinos, a las cosas! Pues, yo les digo: “Juventud, a las cosas, ¡Pero a las que de verdad importan!”. Y en este 2019 tenemos la oportunidad de sepultar al pasado corrompido por nosotros mismos con la única arma que ha de ser permitida dentro de una democracia funcional: nuestra cédula.
Pero para eso es nuestro deber cívico como ciudadanos de esta patria tan querida, salir a votar para acabar con la corrupción endémica que ha contaminado a todos los órganos del Estado, para exigir una educación digna y de completa calidad para todos, sin importar de dónde vengan o hacia dónde vayan. ¡Despertemos del letargo colectivo en el que hemos estado sumidos como juventud! Y entendamos que es nuestro futuro el que está en riesgo y si no lo protegemos nosotros, dentro de 5 o 10 años, no podremos lamentarnos, ya que nada quedará vivo para hacerlo.
Pero ahora sí me dirijo a ustedes: Ana Matilde Gómez, Dimitri Flores, José Blandón, Marco Ameglio, Nito Cortizo, Ricardo Lombana, Rómulo Roux y Saúl Méndez, para pedirles un solo favor: ¡no nos defrauden! No permitan que la corrupción siga carcomiendo las bases de este Estado panameño que miles dieron su vida en el proceso y ahora es como si estuviéramos escupiendo en las lápidas de quienes dieron su vida por el ideal de volvernos República.
No defrauden a una juventud que clama a gritos una educación que sea mucho más que estudiar, sino que nos haga ser, sentir, crear y conocer. Que por décadas nos han negado producto de una clase política que pareciera que nos quiere ver sumidos en el perpetuo tercermundismo educativo. ¡No nos defrauden! Permítannos soñar con una Panamá digna y próspera económicamente, pero donde cada día seamos más humanos íntegros, con carácter y resiliencia, y esto comienza con ustedes.
El autor es miembro de Jóvenes Unidos por la Educación y presidente de Fundación Ayudinga