Parece que por fin vamos a tener alguien que defienda y promueva la cultura de nuestro país cada vez que se reúna el Gabinete de gobierno.
Lo felicito por aceptar un cargo de tanta responsabilidad.
Su labor sería muy fructífera si cada vez que un músico quiera grabar un disco, un pintor quiera montar una exposición, un cineasta quiera rodar una película o un escritor quiera publicar un libro, usted dedique del presupuesto que le asignen una ayuda económica para que nuestros artistas realicen y den a conocer sus sueños, que con frecuencia se convierten en pesadillas por las dificultades económicas de sus autores. Por supuesto que esta ayuda debería estar condicionada a la calidad de las obras, atestiguada por un consejo calificador.
Los medios de comunicación suponen que el público al que se dirigen es ignorante y no le interesa ver, oír o leer temas culturales. No se dan cuenta de que si el público es ignorante se debe precisamente a que consume la basura que ellos publican. Ese círculo vicioso lo puede romper usted, señor ministro, pagando en esos medios de comunicación incultos, boletines donde los ciudadanos podamos saber dónde, cómo y cuándo apreciar las obras de nuestros artistas o las que nos llegan del extranjero, acceder a concursos internacionales, etc.
También es importante la creación y mantenimiento de conservatorios, escuelas especializadas y círculos de lectura, la fundación y enriquecimiento de museos, la promoción de alumnos con vocación artística mediante escuelas especializadas y becas para estudios en el extranjero.
Después viene la restauración y mantenimiento de monumentos históricos, archivos, bibliotecas populares, hemerotecas, etcétera, etcétera, etcétera.
Personas que lo conocen me han dicho que confían en que usted sea capaz de soportar la labor que le espera, labor grande y políticamente ingrata, porque no va a producirle reconocimiento ni de los políticos materialistas de los que tendrá que defenderse ni del pueblo votante que no ve más allá de sus narices.
Ojalá tenga la valentía de ignorar los rebuznos y recordar que no es la miel para la boca del asno.
El autor es escritor