Estimado candidato: No me interesa conocer su propuesta para mejorar la educación. No me interesa saber sus ideas que ahora sí, milagrosamente solucionarán la salud. Tampoco quiero entender su nuevo plan de mano dura o mano amiga para terminar con la inseguridad. No me hable del gran apoyo que ofrecerá al sector agropecuario.
No piense usted que soy un ciudadano desinteresado por el devenir del país. Menos soy de los que busca el colchón o el jamón. No me interesan sus promesas, no porque no valore sus ideas o el tiempo que sus comisiones han dedicado a armar un grandioso plan de gobierno. Lo que ocurre es que busco en mi corazón una razón para creerle y no encuentro ni una sola célula en mi cuerpo que lo haga.
Esos que ustedes llaman “mi pueblo” estamos hartos de tantas ideas, de tantas propuestas, planes de gobierno, comisiones de alto y bajo nivel, eslóganes bonitos y lo más odiado de todo, frasecitas encajetadas.
Olvídese de las “Columbia” o de solo usar camisas de color blanco. Nos tiene sin cuidado si el color de su corbata es morada, roja o celeste. Olvídese de caerle bien a todo el mundo. No nos interesa que sea el más inteligente y tampoco es necesario que le hagan fotos besando a un niño en la mejilla o que salga tomando sancocho en alguna casa interiorana que seguro será la última vez que visitará.
Una madre ilusionada con ver a sus hijos convertirse en profesionales honorables. Un abuelo que solo quiere una atención de salud medianamente cariñosa y decente. Un trabajador del campo esperanzado que su cosecha no se eche a perder por producto importado. Un muchacho que se esfuerza en la escuela porque escucha que “estudiando te irá bien en la vida”, pero el vecino tiene carros último modelo sin saber la raíz cuadrada de 25, porque es amigo del diputado de turno y le tocó un contratito por ayudar en la campaña.
¿Será que alguno de ellos le creerá su nueva propuesta para acabar de una vez por todas con los problemas de salud, educación, seguridad o corrupción? Lamento decirle que no.
Sabemos que usted es imperfecto. Todos los somos. No me trate de vender lo contrario. Motive mi voto por lo que defiende no por lo que promete. Sea genuino. No estoy comprando un producto en el supermercado. Estoy dándole el mandato para que me represente y sea un líder digno de admirar por cinco años. Quiero un guía que, con humildad, sea sensible a mi pobreza, pero inspire a mis hijos con grandeza.
Esos que ustedes llaman “el pueblo” votaremos esta vez no por ideas, sino por virtudes. Templanza, humildad, coraje, honor, prudencia y justicia. Tenga usted presente que esto es muy difícil de promover en una cuña publicitaria, porque se tiene o no se tiene. No haga el ridículo tratando de ser lo que no es. “Su pueblo” se dará cuenta. Y por último, tenga muy clara la definición de mandatario. Usted no es rey ni emperador. Usted es nuestro principal empleado.
El autor es cualquier ciudadano de a pie