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PUNTA PAITILLA

Carta urgente al alcalde electo

Carta urgente al alcalde electo
Carta urgente al alcalde electo

Estimado Sr. José Luis Fábrega, alcalde electo: Permítame felicitarle por su elección, y antes de que asuma su delicada responsabilidad, deseo contarle lo que ocurre en Punta Paitilla.

¿Recuerda Ud. como era esa punta rocosa que los capitalinos disfrutaban viendo desde allí las olas del mar estrellarse contra las rocas, esperando hasta el concierto de pájaros celebrando el fin del día? Era un lugar apacible y sin pretensiones, contaba también con una playa, la misma que Ud. quiere recuperar para la ciudad.

Como Ud. sabe, todo eso desapareció. Punta Paitilla dejó de ser ese lugar apacible, apetecible y tranquilo; poco a poco la atiborraron de cemento, tráfico, basura, de “torres de mentira” con ínfulas de grandeza, aunque también está habitada por gente desesperada y desesperanzada, sin fe en las autoridades, que se sienten, como muchos dicen, “atrapados y sin salida”. Los barones de la construcción, arquitectos del desorden en la capital, no escatimaron esfuerzos para eliminar hasta el más mínimo trozo de verde que existía y, junto con las autoridades, crearon leyes para favorecer los intereses de su industria, pero, por supuesto, olvidaron la calidad de vida de esos ciudadanos.

Sr. alcalde electo, déjeme contarle también lo que ocurre en una callecita de solo dos cuadras en Paitilla, que se llama Heliodoro Patiño. Los vecinos han sido abusados hasta el martirio por siete largos años. En esta, las constructoras se tomaron la calle, y donde antes solían escuchar el mar, empezó a oírse solo al taladro golpeando la roca, día y noche, al amanecer y hasta más allá del atardecer. Cualquiera que pasaba por allí sentía que estaba en Beirut; solo se escuchaba el ruido inclemente del “ratatatata”; se respiraba polvo las 24 horas y los adultos mayores y niños reportaron extrañas picazones en los ojos y alergias nunca antes descubiertas, y la callecita a veces bloqueada por las cementeras donde nadie podía transitar. Al cabo del tiempo, poco a poco, levantaron tres gigantescos edificios y la luz del sol dejó de alumbrar, teniendo los vecinos que usar luz eléctrica todo el día, oscureciendo para siempre sus vidas.

En estos siete años ninguna protesta fue suficiente, no se atendieron las demandas ni los pedidos de auxilio, las denuncias en la prensa, nadie quiso escuchar la voz desesperada de los vecinos de esa pequeña calle. Se robaron la ribera de mar ante los ojos de todos y la autoridad encargada volteó la cara. Cayeron bloques, hierros, clavos, láminas de cinc, cuchillos del cielo hacia los vecinos. Cayó cemento desde la altura, casi sepultando en vida a un vecino del lugar que entraba a su casa. Nada pasó.

Aun así, los vecinos recurrieron a las ocho instancias establecidas: el Municipio, Miviot, Idaan; Bomberos, Salud, MiAmbiente, ATT, AMP, y hasta pusieron velas al Santo de las Causas Imposibles, pero nada funcionó. Las torres están allí, vacías, sin terminar, desafiantes.

Como si no fuera suficiente, hace pocos días MiAmbiente autorizó que se “evalúe” la construcción de otra torre, en la misma callecita y, a pesar de que el Idaan dijo que no es posible más gente y alguien de los Bomberos anunció que en esa estrechez no pueden transitar ya ni carros ni humanos, aun así MiAmbiente evaluará si construyen en el ultimo pedazo de roca que queda el flamante proyecto Paitilla Land.

Ante tal amenaza, 120 familias enviaron firmas y cartas de protesta a MiAmbiente y, misteriosamente, no fueron incluidas en el expediente, quedando solo la versión de la promotora de que “la comunidad fue consultada”. Los vecinos están dispuestos a protestar y recorrer una vez más, cual viacrucis, las ocho instancias que deciden sobre sus vidas expresando su rotunda oposición a seguir viviendo el calvario de los años anteriores.

Sr. alcalde Fábrega: en vísperas de su asunción como regente de esta ciudad, apelamos al “Buen Gobierno” para que establezca un precedente histórico, haga un alto, revise las normas y leyes que tanto “castigan” a la ciudadanía.

Los vecinos de este barrio capitalino le solicitan que se declare una moratoria de construcción en Punta Paitilla, hasta que se haga una nueva legislación en la que se establezca, entre otros, que las nuevas construcciones tengan compatibilidad con los vecinos, que exista entre las edificaciones el suficiente “aire” para que respiren entre ellas, y mucho más. Apelan al ministro de Ambiente, Emilio Sempris, y al que viene, que no le otorguen permiso a las nuevas construcciones que se anuncian en Paitilla hasta que no se establezcan esas nuevas reglas, a fin de que no sigan taladrando y envenenando la vida de sus ciudadanos.

Señor alcalde, confiamos en que así será y no dejará que, como siempre, “de todos modos, nos coma el tigre”.

La autora es antropóloga 


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