VALORES

Me uno a Castell

Recientemente la señorita Arlene Lachman escribió la segunda parte de un interesante artículo sobre la revolución de valores.

El tema gira sobre la corrupción, nuestra y mundial, y menciona la cifra de 200 años. Deseo ampliar el tema y completar, complementar y darle un ángulo adicional.

Desde el descubrimiento del continente americano, erróneamente atribuido a Cristóbal Colón, y específicamente durante el período inicial de la colonización, está debidamente documentado cómo la corrupción era rampante. La lectura apropiada de los textos sobre ese período ilustra el tema. El interesado y el que tenga dudas sobre esta afirmación puede efectuar las consultas del caso.

Viajando en el tiempo y en el espacio, nuevamente debidamente documentado para los interesados, encontramos nuevamente que la corrupción era el pan de cada día durante el imperio romano, durante el Renacimiento, durante la Iluminación, durante la era industrial, hasta nuestros días. Es lamentable tener que afirmar, sin lugar a dudas y sin preocupación alguna sobre la veracidad de lo expresado en este párrafo, que la corrupción del ser humano para con el ser humano ha sido un cordón umbilical invisible que ha unido a toda la especie humana. Afirmación preocupante, pero una verdad de a puño, nos guste o no. Debemos afirmar sin temor alguno que este mal se remonta al antiguo testamento, cuando a ciencia y paciencia de Dios, y con su pleno conocimiento, Caín mató a Abel, Abraham o Abram se acostó con Agar, su esclava, por órdenes de Saray o Sara, quien a su vez recibió órdenes de Dios, pues el señor llamado Dios no se atrevió a ordenarle directamente a Abraham. ¿Cobardía o el clásico tira la piedra y esconde la mano?

No podemos continuar sin hacer énfasis en la más cruel de todas las corrupciones. El de la santa madre Iglesia católica apostólica y romana. Pues estos señores se apropian de atributos que los elevan sobre todos los demás.

Especialmente el de ser representantes únicos del Todopoderoso, ¿el único Dios? Conglomerado de seres humanos en que la pedofilia y el pederasta, uno una enfermedad y el otro un criminal, amén de ser representantes de Dios en la tierra, campean en nuestra sociedad a ciencia y paciencia de la jerarquía eclesiástica, comenzando con el papa, que pide perdón, amenaza con sanciones drásticas que nunca aplica, pero si despide a dos sacerdotes, un par de obispos y un cardenal, cuando debería despedir a cientos.

Se quedaría sin sacerdotes. Patético. Pero, suficiente. Sobre este tema en particular podríamos escribir una enciclopedia y nos quedamos sin papel.

Parece pesimista lo expresado, pero definitivamente responde a la realidad. La realidad objetiva, como decía Einstein, o la realidad ordinaria, como dice el autor, muy pocos la ven y la aceptan, los demás desean forzar lo que quieren ver, lo que se ve, según su percepción y no lo que no se ve. Lo que quisieran ver, lo que debería ser según ellos y nunca lo que es.

El autor es físico.

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