Hago votos para que esta celebración de la pasión y muerte de Jesús en 2018 traiga a la humanidad el sosiego y la justicia por las cuales los pueblos siguen luchando, derramando sangre inocente y sufriendo tanta perversidad. No entiendo ni puedo aceptar que seres humanos sean los peores depredadores de toda la creación. Si Jesús desconoció las estructuras asfixiantes que hoy continúan destruyendo, asesinando y discriminando “razas” y pueblos que son uno solo, ¿por qué se persiste en ello y en la dominación mundial?, ¿por qué sigue imperando la esclavitud, explotación, discriminación, inequidad e imposiciones con la más descarada y alta crueldad e impunidad? Si todos responderemos por nuestros actos ante Dios, ¿cómo monarcas y gobernantes políticos, elegidos para defender a los pueblos, que se jactan de demócratas, cristianos o de otra fe, supuestamente creyentes en Dios, sean tan corruptos y cometan tantas infamias?
En Occidente, donde se pregona el respeto a los derechos humanos, es donde se violan los más elementales, donde se oculta la verdad, se atacan con saña las diferencias ideológicas, se criminalizan las justas protestas contra la esclavitud, practicada inclusive por el Estado y donde se impone el irrespeto, los abusos, la inmoralidad, donde se impide el pluralismo y el pensamiento crítico.
Es aquí donde la hoy supuesta democracia y la supuesta primera potencia invierte miles de millones en guerras y donde muchos de sus mandatarios se creen dueños del mundo y aseguran –como G.W. Bush – que la paz mundial depende de sus fuerzas armadas y sus arsenales de armas de destrucción masiva, en lugar de la cooperación y el trato respetuoso. ¿Cómo es posible aceptar como normal y legal los bloqueos, las “listas”, las cárceles clandestinas, la tortura a seres humanos presos, las asfixias financieras y más, todo cuanto causa dolor y muerte de inocentes? En el fondo se identifican los verdaderos fines económicos y geopolíticos de sus actuaciones. Solo basta analizar los lugares y las riquezas que se pretenden apropiar.
Así ha sido y continúa siendo. ¿Tendrán conciencia quienes practican estos actos?, ¿creerán en Dios? El grito de Jesús crucificado continúa sintiéndose. La voz del papa Francisco invita a los jóvenes a gritar y “armar lío”, y a los viejos a no permitir ser convertidos en momias. Igual lo hacen otras versiones religiosas. La fe sigue inspirando a la humanidad a reclamar libertad.
Así han ido cayendo imperios y violadores de derechos y así, como se rasgó la cortina del templo de Jerusalén y Jesús sigue presente, así los pueblos sometidos a los más salvajes atropellos en pleno siglo XXI irán logrando emerger de las cenizas. Las invasiones, las armas de destrucción masiva, ni la ominosa opresión podrán silenciar ni dominar a los pueblos. Así deben grabárselo los supremacistas y los arrogantes, esa no es la justicia de Dios para la humanidad y ni los Bush, ni los Trump, ni los Aznar ni Rajoy, ni los Blair, los Fujimori ni los Mubarak, ni tantos otros como ellos o peores que ellos en el mundo tendrán descanso en sus almas por los daños causados a millones de inocentes.
Los planes criminales, como los que se presagian para América Latina, con falsas excusas como la de Irak, empeorarán sus condenas. Están a punto de rectificar. Bienvenida al mundo la reelección de Putin, equilibrado estadista de la Federación de Rusia, como bienvenidos los gobiernos que velan por sus pueblos en lugar de saquearlos, a estos caerá la justicia de Dios. A él ruego siempre que imperen la justicia y la equidad, bases fundamentales para la paz.
El autor es periodista