Un día como hoy, 2 de noviembre, lord Arthur James Balfour, secretario de Asuntos Exteriores del Gobierno británico, promulgó una trascendental declaración conocida como la Declaración Balfour, que contó con un gran consenso internacional. La esencia de esta es el reconocimiento del derecho del pueblo judío a un hogar nacional en su tierra ancestral.
Dicha declaración formal y pública de 1917 es de suma importancia porque reconoce los vínculos inquebrantables de más de 3 mil años que unen al pueblo judío a su hogar, la tierra de Israel. Además, hace justicia al largo exilio que vivió el pueblo judío por más de 2 mil años de su tierra ancestral, de sus raíces y de su historia. Sin embargo, durante el exilio el pueblo judío logró mantener su identidad fuera de su tierra, un hecho sin precedentes en la historia de la humanidad.
La Declaración Balfour reconoció y apoyó los derechos inalienables de los judíos de autodeterminación en su tierra. En su manifestación la declaración señala que “El gobierno de su majestad contempla con beneplácito el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío”. El término “Palestina” fue introducido por el emperador romano Adriano, quien quiso borrar los lazos históricos del pueblo judío a la tierra de Israel.
Esta declaración fue considerada la actuación más correcta y moral, contra siglos de persecución a los que fueron sometidos los judíos. La actual primera ministra británica, Theresa May, la define como “una de las más importantes cartas en la historia”.
Además, la declaración fue incorporada al mandato de la Liga de Naciones de 1922, precursora de las Naciones Unidas. La decisión de la Liga de Naciones marcó el reconocimiento oficial de la comunidad internacional al movimiento nacional judío, que condujo a la independencia de Israel el 14 de mayo de 1948 y a la admisión de Israel en la ONU el 11 de mayo de 1949 como su miembro 59.
Cien años después de esta histórica e importante declaración, y 70 años de la creación del Estado de Israel, el pueblo judío tiene un territorio de menos de un tercio que el de Panamá. Aun cuando su territorio es pequeño, Israel sigue siendo amenazado por muchos países, entre ellos, Irán y sus aliados, pero no solo sobrevive, sino que también prospera.
Israel es un centro mundial de alta tecnología, desarrollos e innovaciones al servicio del mundo entero. Tanto han sido sus logros, que la semana pasada el Foro Económico Mundial (WEF) calificó a Israel como la tercera economía más innovadora del mundo, después de Suiza y Estados Unidos.
Paralelo a todos estos logros, los gobiernos israelíes han hecho consecutivos intentos de retomar el proceso de paz y encontrar una solución justa y duradera. Por su parte, la dirigencia palestina, en vez de dedicarse a la construcción de un Estado palestino, ha enfocado sus esfuerzos en llamar en reiteradas ocasiones a la destrucción de Israel, como lo hizo hace apenas unos días, cuando la delegación palestina en Colombia publicó en su cuenta de Twitter “nosotros no queremos paz, queremos guerra, victoria”.
A pesar de estas declaraciones llenas de odio y que no edifican, Israel sigue extendiendo una mano de paz a sus vecinos palestinos y está abierto a un diálogo que conlleve a una paz genuina en la que se reconozca el Estado judío y se garantice la seguridad de todos.
El autor es embajador de Israel en Panamá