Regresé de un corto viaje a Europa y me quedé sorprendido al ver un artículo, publicado en este diario, en que los embajadores de algunos países europeos -amigos como Holanda y España, y hostiles como Francia- nos sugieren que aprobemos la ley que criminaliza la evasión fiscal en Panamá.
Estoy seguro de que la intención, más allá de ser una clara intromisión en nuestros asuntos internos, era buena, pero diplomáticamente es un desacierto. Imagínense a nuestro embajador en Madrid sugiriendo públicamente a Pedro Sánchez que no suba los impuestos, pues acabaría con la recuperación económica española y su inversión en Panamá se vería afectada.
Durante el viaje visité París. Es, sin duda alguna, una de las ciudades más bellas del mundo. Su arquitectura no tiene parangón. Confieso que no sentí la característica arrogancia gabacha. Quizás su estadía en el sótano económico europeo, la realidad de que el estado de bienestar socialista no funciona y que Emmanuel Macron resultó ser un político mediocre más (su índice de aprobación es de 33%), los ha hecho más humildes. De repente, tener que recibir tantos inmigrantes de las colonias africanas que esclavizaron y saquearon, el siglo pasado, les ha hecho tener el corazón más blando.
Es una lástima que sus gobiernos insistan en tener a Panamá en una lista negra y que el nuestro no haya recogido el guante, pues Francia no representa mayor riesgo a la economía nacional, pero sí se ha convertido en una mancha a nuestro orgullo como nación soberana.
En Madrid amanecí con una noticia increíble; un total schadenfreude. Como si el escándalo de Danske Bank no fuera suficiente, ahora aparece la batahola denominada “Dividendos Black o Cum/Ex”. El diario español El Confidencial llega a llamar este escándalo “El milagro de los panes y los peces”. Qué buen título. Afiladísimo.
El Confidencial, que participó en la investigación de este escándalo, comenta en su edición del 18 de octubre de 2018: “Las estrategias cum/ex se basan en reclamar devoluciones del impuesto sobre los rendimientos del capital que se aplican a los dividendos, a pesar de que esos recargos nunca se pagaron”.
En una trama tan absurda como increíble, diversos bancos participaron en robar a los fiscos de más de 10 países europeos. Estos defraudadores reclamaban créditos fiscales por impuestos sobre dividendos que nunca pagaron. Allí están los billones de dólares en fraude fiscal que tanto reclaman, a moco tendido, los países europeos y sus esbirros de la OCDE. No acá. A ver si sale Panamá una sola vez en ese escándalo. Bufones.
El esquema “cum/ex” se hace posible ya que hay fechas límite en que las acciones otorgan el derecho de cobrar dividendos a sus accionistas. En este caso, los intermediarios financieros involucrados se prestaban para comprar, temporalmente, acciones con el derecho a dividendo para luego -casi inmediatamente- venderlas a un tercero. Este tercero cobraba el dividendo en efectivo y devolvía las acciones y el efectivo a los intermediarios, casi todos bancos europeos, que se prestaban para este fraude.
Los bancos participantes, que fueron accionistas por poco tiempo, reclamaban al fisco de los diferentes países haber pagado impuestos sobre los dividendos (cosa que nunca hicieron, ya que los dividendos los cobró un tercero). Quizás lo he simplificado o enredado demasiado. Si desea más información use Google y ponga “Dividendos Black” en la sección de búsqueda de www.elconfidencial.com y deléitese deshojando otra capa más de la hipocresía de los países miembros de la OCDE.
“Es un atraco”, plañe a los cuatro vientos el comisario europeo de Asuntos Económicos, Pierre Moscovici. El día 18 de octubre de este año, según el diario ya mencionado, acotaba: “Estas revelaciones nos recuerdan cómo los defraudadores se han aprovechado de los fallos de cooperación entre las administraciones fiscales de los Estados miembros”. No, señor Moscovici, estas revelaciones nos recuerdan cómo los europeos han usado a Panamá y otros países como chivos expiatorios para esconder sus fracasos económicos y su incapacidad para hacer cumplir las leyes en sus países. Mentecatos.
Me parece justo que los burócratas de la OCDE y sus patrocinadores europeos, antes de seguir lanzando acusaciones y amenazas a países pequeños, limpien su casa, ya que apesta a boñiga. Que se bajen de ese pedestal intelectual y moral, pues a sus empresarios y a sus ciudadanos, tal y como lo demuestran Danske Bank y el esquema “cum/ex”, les vale madre la justicia social, la ley y sus repercusiones.
A ver cuántos banqueros e intermediarios financieros europeos meten presos por este esquema de defraudación fiscal que, solo en Alemania, se estima se robó la friolera de 7 mil millones de euros.
Gilipollas.
El autor es abogado