NEOLIBERALISMO

De Chile a Panamá

Era el año 1990 en sus inicios, Guillermo Endara Galimani era el Presidente de la República. En su momento mal entendido y mal comprendido. La clase política, los medios de comunicación y las masas de población del país le llamaban Pichulo, Pan de Dulce y en virtud que para un 10 de noviembre en La Villa de Los Santos se vistió de camisa con rayas rojas, le denominaron burlescamente pepermint. Hasta allí llegaba el irrespeto.

Pero Endara hoy es reconocido como el Presidente de la Democracia, el de la reconciliación nacional, el gran Presidente, era un hombre preocupado por el país. Nosotros los legisladores de la República de la época lo sabíamos y lo veíamos. Endara se reunía con sus parlamentarios todos los lunes. La idea era coordinar el gobierno nacional, de allí sus éxitos políticos.

Un lunes, a muy tempranas horas nos reunió para plantearnos que el país no poseía dinero, que estábamos saqueados, que malos panameños militares y civiles habían malversado los dineros y bienes del país, que había que tomar decisiones porque las instituciones de crédito internacional (IFIS), nos negaban el acceso al crédito. No éramos sujetos de crédito y nos exigían privatizar el Instituto de Recursos Hidráulicos y Electrificación (IRHE), el Instituto Nacional de Telecomunicaciones (INTEL), los puertos, los casinos nacionales, el agua y bajar los aranceles.

En pocas palabras, entrar en una economía neoliberal en la que el gran sacrificado sería el agro -como en efecto lo fue- de lo contrario sacrificaríamos el resto de los sectores económicos e industriales nacionales e iríamos a la bancarrota estatal. Se decidió en dicha reunión que no había de otra, que había que privatizar los servicios públicos, excepto el agua y que había que rebajar los aranceles agropecuarios, pero paulatinamente por etapa, para que nuestros productores se volvieran eficientes, pero con el apoyo de los gobiernos sucesivos. En pocas palabras, sacrificar el agro ante los grandes mercados internacionales.

Chile era el país modelo decían las IFIS, el país de las privatizaciones, el país rico, el país a imitar, el país que se reconvirtió y Panamá tenía que ir para allá a privatizar en un cien por ciento nuestros servicios públicos, o sea, Panamá tenía que ser Chile el país de las maravillas, el de las masas ya no irredentas.

Por fortuna y por la descomposición numérica parlamentaria, la nueva Asamblea no privatizó los servicios públicos. Las privatizaciones no se lograron a plenitud como lo imponían las grandes potencias económicas y en su reemplazo se crearon empresas mixtas, se privatizaron los servicios públicos elementales solo en un cuarenta y nueve (49) por ciento. Nacieron las empresas mixtas, no obstante, se sacrificó el agro, los aranceles agropecuarios se rebajaron abruptamente a cero y allí están las consecuencias actuales, un agro en bancarrota.

Lo cierto es que hoy explotó Chile. En el país que teníamos como modelo, la juventud enarboló banderas de cambio, protestó contra las desigualdades sociales. La clase política perdió credibilidad y a pesar de las nuevas promesas, la sociedad ya no confía en los que fueron en otros tiempos sus líderes. ¡Que mañana no explote Panamá!

El autor es abogado

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