GOBIERNO CORTIZO

Cien días con punto de ebullición

El mito de los cien primeros días para juzgar un gobierno se remonta al 4 de marzo de 1933, fecha en que fue investido como presidente Franklin Delano Roosevelt.

Reitero que es mito por cuanto que, además de ser otra época – hace 86 años- con sus particulares circunstancias, considero caprichoso evaluar y juzgar cualquier gobierno con apenas 100 días de ejecución, cuando en nuestro caso, tiene 1725 días de gobierno por delante. No somos ingenuos y entendemos plenamente que cada cual halará para su bebedero y opinará como mejor le convenga, y no necesariamente lo que el país necesita en liderazgo orientador, voluntad de solución social, disminución de corrupción e ignorancia, y reajustes financieros.

Así las cosas, en múltiples artículos publicados en La Prensa, señalé el desastre de las finanzas públicas que recibiría el nuevo gobierno, lo que constituiría pesado lastre de inicio de gobierno, y que, por lo tanto, el primer esfuerzo casi titánico sería enderezar las finanzas públicas. Percibo que esto se está logrando y que mejorará notablemente una vez entre en línea el presupuesto del 2020, y se dé inicio a la construcción del cuarto puente, la línea 3 del metro y el corredor de las playas. Esta sería la contribución inmediata del Estado al necesario y urgente empleo. El desembolso a los productores de 38 millones de pagos atrasados, junto con medidas de restricción de importaciones, entre otras, ayudará a reactivar la producción agrícola, la cual también generará empleo y pondrá a circular fondos para reactivar la economía.

La contención de gasto, rechazada por algunos, no solo es muestra del serio problema financiero estatal, sino que también de voluntad de detener el despilfarro y la corrupción que este genera. Pero, no todo es viento en popa, con norte pacificado… Hay vientos políticos huracanados, producto de una mal entendida estrategia ejecutiva de separación de poderes, que no es lo mismo que “dejar hacer” o “hacer lo que me da la gana”, a la que se acogen algunos diputados del propio gobierno. Estos le hacen mucho daño al país político, y porque no decirlo, al propio partido al que pertenecen. Diputados que caminan lejos de la agenda social y de transparencia que exigen las críticas circunstancias por las que atraviesa el país.

Diputados que todavía creen que gritando, amenazando, y hasta chantajeando al país y al Ejecutivo, lograrán alcanzar sus insaciables apetitos económicos y políticos. Es incomprensible que miembros de determinado partido político atenten contra su organización. Es como que usted, en su trabajo como empleado, le meta una barra de hierro a la línea de producción para detenerla… Al final del día es igual a quedarse sin trabajo y sin ingresos.

¿Entonces, tenemos gobierno con dos cabezas?... Una la legítima con el poder y autoridad otorgado por la mayoría de los electores, que radica en la Presidencia, y la otra legítima electoralmente, pero con poderes y autoridad limitados a actos legislativos, no de gobernanza. Esta última pretende gobernar paralelo al gobierno constitucional. Este escenario tiene confundido a muchos panameños. Igualmente sorprende a muchos el hecho de que el vicepresidente y Ministro de la Presidencia sea la persona que da la cara por el Gobierno. Piensan que el Presidente esquiva su función constitucional, sin entender que los pronunciamientos del vicepresidente y Ministro de la Presidencia son producto del consenso con el Ejecutivo y su gabinete, y que él es vocero del Ejecutivo, sencillo y simple. No hay misterio en las acciones del Ejecutivo.

Así lo percibo, así lo escribo.

El autor es ciudadano 

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