El elogio de la ciencia constituye un lugar común en la cultura contemporánea. La ciencia, en efecto, puede ofrecer medios indispensables para salir de la pobreza y el atraso, y abrir paso a una vida mejor para todos. En esa perspectiva, ¿cuál es, puede ser, la relación entre la ciencia y la cultura de una sociedad como la nuestra?
El razonar científico cuenta apenas con cuatro o cinco siglos de una historia que abarca al menos cien mil años, en permanente conflicto además con el pensamiento mágico presente en la vida y la cultura cotidiana de amplios segmentos de la población. Esto explica la presencia en Panamá - como en todo el planeta – de amplios segmentos de población que viven en el siglo XXI mientras habitan en el XIV o el XVIII.
Esto no es una condición natural, sino social. Se debe a que las condiciones de vida, trabajo y esperanza de esos panameños no demandan ni un pensamiento ni una cultura científicos, ni proporcionan el estímulo y los medios imprescindibles para alcanzarla.
Aquí, una política de desarrollo científico y tecnológico debe ser arte y parte de un proyecto nacional de desarrollo que sintetice nuestras aspiraciones y necesidades. Ese proyecto debe facilitar que el sistema panameño de gestión del conocimiento se vincule al país que emerge de la incorporación del Canal de Panamá a la economía interna, y de esa economía al mercado global. Por esa vía podrán los panameños entender y atender a la necesidad de hacerse cargo de su propio destino, con el pleno conocimiento de causa que solo la ciencia – toda ella, en todos sus campos - puede ofrecerles.
El autor es asesor ejecutivo en Ciudad del Saber y miembro de Ciencia en Panamá.