Suena tentador el poder aprovechar la experiencia que adquieren los buenos diputados en la Asamblea, para servir de guía a los nuevos diputados en la elaboración de leyes y en el manejo del Estado. Combinar experiencia y juventud para dar continuidad a la institución. Lamentablemente, en nuestra Asamblea la experiencia viene a perpetuar las malas prácticas políticas que han carcomido totalmente la institución.
Partidas circuitales, traslados a las juntas comunales, FES, FIS, PAN, planilla 0172, 080, etcétera, son distintos nombres a través de distintos gobiernos, utilizados para disfrazar el clientelismo y la corrupción.
Clientelismo porque nuestros diputados han comprendido que para reelegirse deben “resolver” los problemas de sus comunidades a como dé lugar. El medio no es importante cuando el fin es “altruista”, solucionar problemas puntuales a los ciudadanos de sus circuitos que después los favorecen con el voto para que les sigan resolviendo. Un círculo vicioso que al final perpetúa esa dependencia ciudadana, en vez de darles las herramientas para que se desarrollen y alcancen su potencial.
Corrupción porque, en ese evidente desorden administrativo, siempre hay espacio para desviar fondos a fundaciones privadas, empresas relacionadas o la ya vieja práctica conocida como el cash back. Existen innumerables escándalos en ese sentido y, hasta la fecha, no existe una sola condena a un diputado.
Mientras tanto las leyes que deben ser creadas para fortalecer las instituciones, fomentar la transparencia, mejorar los servicios de educación, salud, transporte, infraestructura y muchas otras; deben esperar a que contengan los suficientes “incentivos” para los diputados o sus partidos. ¿Fiscalización? ¿Para qué?, es más fácil llevar a un par de ministros o directores a “rendir cuentas” a la Asamblea, espacio que utilizan para ridiculizarlos, ganar aplausos rápidos y no dar ningún seguimiento a sus labores.
La indignación ciudadana parece enfocarse en el grito de #NoALaReelección, sin embargo, no solo debemos enfocarnos en evitar que los diputados corruptos o clientelistas se reelijan, debemos hacer un verdadero esfuerzo para llevar sangre nueva y buena a la Asamblea, personas que puedan garantizar un verdadero cambio a estas malas prácticas que están carcomiendo nuestra democracia y que se comprometan, desde el primer día, a no reelegirse en el cargo. Mientras no cambiemos la forma como se eligen los diputados, la reelección solo seguirá perpetuando el clientelismo y la corrupción.
La autora es miembro de Movin