Exclusivo
BARRERAS

Clientelismo político y sociedad

Clientelismo político y sociedad
Clientelismo político y sociedad

La grave crisis política que se vive en el país, de manera particular, en la Asamblea Nacional, el órgano del Estado político por excelencia, nos debe llevar al desarrollo de una teoría que explique cómo el clientelismo ha contaminado la política y cómo ha penetrado la sociedad, beneficiando a los que la estimulan por antonomasia.

De acuerdo con el profesor y catedrático Roberto Salom, de la Universidad de Costa Rica, el clientelismo es una forma de corrupción de la conciencia mediante la cual una persona, en posiciones de mando o poder, se prevalece de su ventaja posicional para dar u ofrecer recursos organizacionales o institucionales como si fueran propios, a cambio de una promesa futura de apoyo político.

Es un comportamiento corrupto, porque se dispone de los recursos institucionales para realizar un intercambio o la promesa de este, en beneficio personal; también porque, independientemente de que se le dé o no a los recursos un uso institucional, se altera discrecionalmente el plan al cual originalmente estaban sujetos, al darlos u ofrecerlos según criterios políticos o de mercado particulares. Igualmente, porque se vulneran los canales habituales, institucionalmente establecidos para canalizarlos.

Se han hecho campañas de no a la reelección pensando que este mecanismo va a minimizar la posibilidad de que muchos diputados vuelvan a sus curules. A mi juicio, el problema no son los diputados, sino el que vota por ellos.

Si hacemos un juicio serio de este asunto, aunque moleste, si ellos salen electos, no son responsables; la acción ciudadana en su derecho a votar, los escogió democráticamente aunque esto produzca muchos enfados. Por lo tanto, la fiebre no está en la sábana. La forma cómo se expresó en las redes un diputado, en la que muestra que la campaña de no reelección no lo afecta, sustenta mi tesis de que la fortaleza de los políticos está en la debilidad del votante.

Ahora, ¿se debe juzgar a estos ciudadanos? ¿Calificarlos con todos los epítetos por su llamada mala decisión? Pienso que no. ¿Por qué?

Estos ciudadanos clientelistas son de alguna forma víctimas de las circunstancias, que muchas veces está relacionadas con sus propias necesidades. Sus carencias, producto de la pobreza y limitaciones en que viven, los lleva a extender las manos cuando se les ofrece prebendas que para ellos son una solución. Empieza a crearse en el imaginario social una cultura mental que raya en una lealtad mal fundada, porque le ofrecieron cinco libras de arroz, jamón, etc. y cualquier otro producto que satisfaga sus necesidades, que son reales.

Por lo anterior el clientelismo puede ofrecer recursos o promesas futuras de mando con el propósito de involucrar a los(as) “clientes(as)” en la causa para la cual sirve, independientemente de la capacidad real de satisfacer eventualmente las expectativas que de esa manera crea, señala el profesor Salom.

Erradicar este cáncer social arraigado hasta lo más profundo de la sociedad, conlleva fijar la atención en el individuo, el ciudadano promotor. No será una fácil tarea, porque este mal ha pasado a formar parte integral del cuerpo –en este caso– social y cultural; que ha alcanzado algún grado de naturalización, moneda de uso común, práctica aceptada, compartida. Faltaría siempre establecer, desde luego, hasta qué punto.

Si en verdad creyera que la mencionada peste –procura de adhesiones políticas fundada en la dispensa de favores, principalmente materiales, es decir, en la compra de lealtades— sellara para siempre el destino del país, probablemente no intentaría siquiera escribir de temas políticos. Creo, por el contrario, que es posible derribar, y hay que derribar, esta barrera sin la cual, sostengo, el poder político tradicional no podría ya mantenerse.

Una solución debe significar ante todo estar allí con la gente, con el pueblo más oprimido; conocer sus realidades y problemas urgentes, acompañarlos sin politiquerías, en la solución de sus conflictos y estar junto a ellos para enfrentar los problemas.

Por supuesto, soluciones reales y no demagógicas, por pequeñas que sean. Hay ayudas que ayudan y ayudas que desayudan. La mejor de todas es la que crea condiciones para evitar estas últimas, a las que pertenecen las propias del clientelismo político.

El autor es secretario general de la Sociedad de Estudios Internacionales.


Última Hora

  • 05:20 Suiza se clasifica a octavos de final y espera al ganador entre Colombia y Ghana Leer más
  • 05:03 La Asamblea de Shirley Castañedas podría reabrir la puerta a la amnistía de Martinelli Leer más
  • 05:03 La estrategia del Partido Panameñista: la abstención para ‘estar bien con Dios y con el diablo’ Leer más
  • 05:01 Minsa reporta 1,580 casos de norovirus en Chiriquí y con tendencia a la baja Leer más
  • 05:01 Las mariposas que desafían el tiempo Leer más
  • 05:01 Municipio de Panamá pondrá ‘botas’ a autos mal estacionados: retiro costará $75 Leer más
  • 05:00 Hoy por hoy: Poder absoluto Leer más
  • 05:00 Tal cual Leer más
  • 04:43 Un terremoto de magnitud 6.2 sacude el noreste de Indonesia Leer más
  • 04:30 Dante en Ucrania - Tortura, una fosa común y la fuga hacia Bielorrusia Leer más