La llegada del presidente Iván Duque de Colombia a Panamá debe servir para que nuestro gobierno, cansado de lidiar con el traicionero expresidente colombiano Juan Manuel Santos, ponga en autos a dicho gobierno de que no vamos a tolerar más desaires. Como expresó valientemente la Asociación de Usuarios de la Zona Libre de Colón, esta debe ser la última oportunidad diplomática que le demos a ese país. Colombia nos ha inundado de drogas y de luto y no le ha dado valor a los brazos abiertos con que siempre hemos recibido a sus ciudadanos cuando salían huyendo de las guerras con los carteles, con las FARC y por el pésimo manejo económico que ha reinado en ese país, tan rico en recursos naturales y en gente capaz, desde hace décadas.
Pareciera que le hemos puesto un precio a la dignidad nacional: es equivalente al valor en dólares que representa intercambio comercial con Colombia. Necesitamos líderes como Roberto F. Chiari, que se jugó no solo sus intereses personales –al romper relaciones con Estados Unidos-, sino los intereses de la nación por su amor a la tierra que lo vio nacer. Ser panameño no tiene precio. Colombia, con su olímpico desconocimiento de los fallos de la Organización Mundial de Comercio (OMC) y su actitud de “eso no es conmigo” respecto a la producción y exportación de drogas, no merece más deferencias de los panameños. El presidente Duque debe irse con la impresión de que ya estamos hartos y que habrá consecuencias, al menos, diplomáticas.
La última estupidez proveniente de esa garulla de burócratas socialistas europeos miembros de la OCDE fue un estudio de este año que relacionó la devastación forestal y la pesca ilegal con los paraísos fiscales. Sí, como lo oyen. Dice Víctor Galaz, del Centro de Resiliencia de la Universidad de Estocolmo: “El uso de paraísos fiscales no solo es un obstáculo económico y sociopolítico, sino ambiental. El uso de jurisdicciones consideradas paraísos fiscales no es ilegal, pero el secreto financiero afecta la habilidad de analizar el flujo financiero de las actividades económicas y su impacto ambiental”. Mencionan, específicamente, a Panamá y a Belice. Ya no saben qué hacer para hacernos daño. El flujo financiero se analiza en los movimientos bancarios, no en las sociedades anónimas. Y la mayoría de los bancos que usan “paraísos fiscales” son europeos. ¿Por qué no estudian el flujo financiero de las actividades de consumo de drogas en sus países y su impacto en el tráfico de drogas de Colombia? Círculo completo.
Finalmente, entiendo que el flamante cuerpo diplomático francés en Panamá está presionando a nuestras autoridades para la entrega de información fiscal de sus ciudadanos, desconociendo las leyes panameñas y los tratados internacionales. Esto es el colmo. Los gabachos dando órdenes a nuestras autoridades. ¿Cuál es el miedo a Francia? Viendo la historia de ese país, seguro le mandamos a la pandilla “Calor Calor” y se rinden en tres días.
El autor es abogado