Exclusivo
20 DE DICIEMBRE DE 1989

Comentarios sueltos sobre la invasión

Siempre los sectores a favor y en contra tratan de ubicar a los culpables de esa afrenta. Fue un golpe bajo para quienes pregonamos un nacionalismo verdadero. Unos culpan a los tres miembros de la nómina presidencial, Alianza Democrática de Oposición Civilista, ADOC y otros a los militares y sus adláteres civiles del PRD. Tengo mi propia versión, la cual he dado a conocer en varias ocasiones.

La raíz de ese suceso se inició el mismo 11 de octubre de 1968, cuando un grupito de guardias planea y ejecuta el golpe de Estado contra el presidente legítimo, Arnulfo Arias Madrid. La invasión se va cocinando con la detención, tortura y muerte de más de 100 conciudadanos. Hierve cuando la dictadura comienza a exiliar a muchos panameños y a cerrar medios de comunicación social.

Se vuelve a madurar cuando llaman a elecciones libres el 6 de mayo de 1984 y no respetan la voluntad del pueblo, que volvió a elegir a Arnulfo Arias Madrid, para poner en su lugar a Nicolás Ardito Barletta. La invasión comienza a tomar sentido cuando detienen, torturan y decapitan a Hugo Spadafora Franco. Toma más fuerza cuando se observa a militares sin el debido control haciendo y deshaciendo como si Panamá se tratara de su finca privada. La invasión toma cuerpo cuando el presidente de a dedo, Nicolás Ardito Barletta, fue obligado a renunciar. Su pecado, solicitar el nombramiento de una comisión independiente para investigar la muerte y decapitación de Hugo Spadafora.

Se fragua cuando el servil de la CIA no quiere seguir los lineamientos de los poderes establecidos en Estados Unidos y comienza una campaña de desprestigio contra él, al extremo de involucrarlo en el tráfico de drogas. Los ánimos se caldean gracias a lo que decía a vox populi, pero como lo remarcara uno que estuvo en el vientre de la bestia, lo hizo más espectacular. Me refiero a las impactantes declaraciones de Roberto Díaz Herrera, quien en la primera semana de junio de 1987 señaló cómo se le hizo el fraude al doctor Arnulfo Arias Madrid en 1984; cómo se acabó con la vida de Spadafora; cómo lucraban con la visa de los cubanos; cómo se repartieron los dineros dados por el sha de Irán y otras cosas más.

La invasión toma cuerpo cuando los civiles fueron masacrados ese viernes 10 de julio de 1987, conocido como el viernes negro. Damas inocentes, personas discapacitadas y seres de la tercera edad sufrieron los rigores de las mal llamadas Fuerzas de Defensa. Más de 600 personas fueron detenidas. Muchos militares parecían tocadores de tambores en fiestas patrias; con tolete en mano se la desquitaron con los parabrisas de los carros de los protestantes, que con pañuelos blancos conformaban la recién creada Cruzada Civilista Nacional.

La invasión pasa como un carrusel cuando Eric Arturo Delvalle, en su calidad de presidente de la República, anuncia la jubilación de Noriega el 25 de febrero de 1988. “El que se va es él”, gritaron desde las escalinatas del cuartel central de El Chorrillo los coroneles Macías y Castillo. Vaya clase de democracia… dos militares diciéndole al presidente que Noriega se quedaba y quien se tenía que ir era el mandatario. Así se hizo en una madrugada del penúltimo día del mes de febrero de 1988. La prostituida Asamblea destituye a Eric Arturo Delvalle y de paso también al vicepresidente, Roderick Esquivel. Se elige, para terminar el periodo, a Manuel Solís Palma, quien obtiene el título constitucional de ministro encargado de la Presidencia de la República.

La invasión se piensa cuando en un acto público en San Miguelito, Manuel Solís Palma, en uno de los comentarios más arrastrados para un civil, dijo: “aquí manda el general… obedece el presidente”. Caricatura de personaje, quien una vez fue una figura cimera de la democracia nacional.

La invasión se estremece cuando se da el primer intento de golpe contra Noriega, aquel 16 de marzo de 1988. Y por circunstancias de la vida, lo encabeza ese que dijo “el que se va es él”… el coronel Leonidas Macías. Aborta el golpe quien ostentaba la jefatura de la seguridad del cuartel central, el capitán Moisés Giroldi.

La invasión es propuesta por los propios gringos cuando los militares desconocen el triunfo abrumador de las elecciones del 7 de mayo de 1989, en que la oposición liderada por Guillermo Endara Galimany, triunfa con más del 70% de los votos. En su lugar, los militares y civiles le dieron una tanda de puñetes, palos y varillazos a los legítimos triunfadores. El hecho ocurrió en la tarde del 10 de mayo de 1989. Se eliminan las elecciones dizque por falta de seguridad en el país.

La invasión pasa por la mente de los gringos cuando se da el segundo intento contra Noriega. En esta ocasión fue Moisés Giroldi quien lo dirigió… Sí, ese mismo que abortó el primero. El hecho se inició en la madrugada del 3 de octubre de 1989 y culminó con la ejecución de los principales golpistas. Recuerden que en el primero, Noriega dijo: “con estos las esposas le podrán llevar alimentos y cigarrillos a la cárcel, después serán flores”, y así ocurrió.

La invasión se fue cimentando cuando Noriega, con machete en mano, fue nombrado como el todopoderoso de la nación y este, influenciado por el momento y por el grito de los manzanillos, estrelló el machete contra el podio y acto seguido le declaró la guerra a Estados Unidos.

La invasión no tuvo vuelta atrás después que un oficial del Ejército norteamericano murió como consecuencia de varios disparos perpetrados por miembros de las mal llamadas Fuerzas de Defensa. Una vez le pregunté a Endara, ¿qué prefería, una invasión o a Noriega en Panamá? Su respuesta fue tajante, “a Noriega en Panamá”. Señores, Endara no pidió la invasión; él y los otros dos candidatos fueron casi secuestrados la tarde el 19 de diciembre de 1989. En una base les dijeron, “esta noche comienza la invasión con o sin su aprobación”. Fue la noche más larga, fatídica y estremecedora para un nacionalista como Guillermo Endara Galimany. Sé que habrá quienes dirán… “debió oponerse y en su lugar llamar a la resistencia”. ¿Cómo lo iba a hacer si estaba secuestrado por los gringos? Cuando le dijeron que de no asumir el control legítimo ganado en las urnas, aquel 7 de mayo de 1989, iban a poner un gobierno de ocupación, se optó por lo más razonable, asumir el mandato que el pueblo le dio en las urnas.

Otros dirán, ¿por qué se tomó una foto con la fuerza invasora, si era un nacionalista de verdad? Con franqueza digo que ese fue un patinazo del presidente, y todo gracias a la recomendación loca de uno que siempre se proclamó como vocero desautorizado del gobierno. ¿Quién es se preguntará el lector? Si desea saber, vaya a un local comercial cerca del terraplén… Allí lo encontrará.

Pregunto y espero respuestas sensatas… ¿Dónde estuvo la razón de la invasión y a quiénes podemos culpar? Mi respuesta es y será siempre la misma… si se hubieran evitado esos hechos nefastos y se hubiera respetado el resultado de esas dos elecciones, hoy no tendríamos que estar llorando muchas vidas inocentes que se perdieron.

El autor es ex secretario de prensa del gobierno de Guillermo Endara


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