Cuesta educar como docente y madre de familia. Pero cuesta aún más cuando sobran los contraejemplos. Una de las noticias que más ha figurado en los diarios en los últimos días es el tema de la compra de vehículos para la junta directiva de la Asamblea Nacional. En principio, de cinco vehículos, pasaron a reducir el número a tres, por recomendación de la Contraloría.
Lo que me llama particularmente la atención no es la reducción de la cifra, sino el modelo. ¿Qué tiene un diputado que no puede subir a un vehículo normal? Compren los cinco vehículos, si quieren, pero busquen modelos apropiados, no se enfrasquen en un lujo irracional a costillas del pueblo.
Uno de los aspectos que más debe evidenciar a un diputado es la representatividad que haga de la población en general. ¿Tiene la población en general, el ciudadano de a pie, algún tipo de familiaridad con estos vehículos? Una de las frases que más me llama la atención del expresidente uruguayo Pepe Mujica es aquella que sugiere: “Los políticos tenemos que vivir como vive la mayoría y no como vive la minoría”.
Quizás ese sea el secreto del creciente aprecio que inviste a Jorge Bergoglio, quien, al asumir el cargo de papa de la Iglesia católica, se despojó de muchas prebendas para asemejarse al pueblo que representa, hacia el cual se proyecta o hacia el cual mira y lidera. Se predica con el ejemplo. Es lamentable que este tipo de cosas se den y se sigan perpetuando, se conviertan en prácticas, costumbres garantizadas por la usanza de los predecesores.
Me surgen tantas interrogantes. Aparte del modelo, que ya bien parece un tipificado para diputados en nuestro país, me pregunto, ¿por qué hay que proveerle a la junta directiva de la Asamblea de su medio de transporte?
Pueden contarse en este país las empresas que proveen a sus colaboradores de un medio de transporte. La mayoría de los trabajadores tiene que ingeniárselas para llegar a tiempo a sus puestos de trabajo, día tras día, con el sistema de transporte con el cual contamos. Aun así, le damos cátedra de puntualidad y asistencia a la Asamblea Nacional.
He citado dos figuras, una panteísta (José Mujica) y una creyente (papa Francisco). Quizás dos figuras extremas, sí. Pero si en verdad queremos cambiar este país, limpiarlo de la corrupción, sanear sus estructuras y procesos, tenemos que mirar hacia la utopía, desde la postura que se quiera, pero tenemos que caminar hacia allá.
Como decía Eduardo Galeano, para eso sirve la utopía, para caminar…
La autora es docente