Panamá, que logró sus reivindicaciones canaleras con una política exterior inspirada en el multilateralismo en Naciones Unidas, se encuentra ante la disyuntiva de decidir si se embarca en la globalización económica y el libre mercado, que es la esencia del negocio del Canal, o si se subordina a los intereses del unilateralismo y proteccionismo como la tendencia temporal en los liderazgos estadounidenses.
No puede prescindirse de la historia ni de la cultura; ambos aspectos tienen un calado infinitamente superior al señalado por factores tecnológicos, defensivos o estrictamente económicos en el futuro de China, que es uno de los grandes acontecimientos del siglo XXI, el cual habrá de influir de manera decisiva en los equilibrios mundiales venideros.
Con mil 400 millones de habitantes, es el país más poblado de la Tierra, representando el 21% de la población total del mundo, en donde más de la mitad de sus habitantes son asiáticos; ha tenido un crecimiento a un ritmo de entre el 7% y 8% anual, lo que ha permitido que su PIB se haya multiplicado por 7 en los últimos 20 años.
China tuvo que hacer frente a las agresiones imperialistas de los siglos XIX y XX, con toda la carga de humillación y la corrupción dinástica, abrió paso al nacionalismo con una trayectoria histórica de país defensivo y pacífico como lo muestra su exponencial Gran Muralla.
Ciertamente, el Partido Comunista dotó a la República Popular China de un gobierno central que posibilitó la gradual reconstrucción del país, superando retrocesos ideológicos como el Gran Salto Adelante y la Revolución Cultural, para iniciar a partir de 1978 un proceso de reforma y apertura, transformándole en una potencia admirada y respetada en la comunidad internacional.
En 30 años ha permitido salir de la pobreza y el subdesarrollo a más de 300 millones de personas, un ostensible éxito económico que ha sido valorado como la más importante revolución que ha conocido la humanidad en tiempos recientes, gracias al principal impulsor Deng Xiaoping.
Pero ello no termina allí. China se propone cumplir ambiciosas metas, alcanzar el estadio de una sociedad modestamente acomodada, toda vez que concentrará el núcleo obrero más numeroso del mundo, junto con la mayor clase media de país alguno del planeta, un ejercicio de transformación con la evidente mutación operada en la economía y la sociedad.
En la arena internacional, Xi Jinping viene desarrollando una política exterior asertiva, orientada a incrementar la influencia de China en la gobernanza global, potenciando el papel de su país en la comunidad internacional. Pero los logros de Xi no se quedan allí, pues también ofrece una hoja de ruta que llevará a China a convertirse en una sociedad medianamente acomodada en 2021, con la clase obrera y clase media más grande del mundo, empeñado en construir un país desarrollado en 2035 y con un poder nacional puntero en 2050, reafirmando el camino hacia la prosperidad.
Xi también emprendió una política más proactiva a nivel mundial con una diplomacia más actuante y participativa, acorde al rol y aporte de China en las finanzas globales.
Incluso ha demostrado en sus posiciones en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas su compromiso invariable con la paz y mejorar la gobernanza global.
En el contexto internacional marcado por tendencias proteccionistas y excluyentes, China se proyecta como la gran esperanza del comercio internacional, al compartir sus oportunidades de desarrollo.
La proverbial prudencia de los dirigentes chinos y la comprensión inteligente de sus intereses ha podido armonizar su crecimiento económico con el impulso del bienestar social y la estabilidad e institucionalización política necesaria, en una sociedad compleja que se está transformando y modernizando a un ritmo acelerado.
China defiende el sistema comercial multilateral y el libre comercio en la OMC, defendió el Acuerdo de París para enfrentar conjuntamente el cambio climático, también participa activamente en los esfuerzos de mantenimiento de la paz de la ONU y en la búsqueda de soluciones justas y razonables para conflictos internacionales.
En un proyecto que pretende interconectar Asia, África y Europa a través de la inversión en infraestructura y coordinación de políticas conducentes a la integración financiera, liberalización del comercio, acercamiento entre los pueblos y cooperación en términos de tecnología se contempla extensivo con América Latina, donde el Canal ampliado y la conectividad de Panamá son un punto clave.
China ha firmado acuerdos de cooperación de la iniciativa de la Franja y la Ruta con 80 países y organizaciones, al tiempo que ha establecido acuerdos de cooperación institucionales con más de 30 países y ha promovido la construcción de 75 zonas de cooperación económica y comercial en 24 países a lo largo de la ruta.
Xi Jinping, con su visita oficial a Panamá, ratifica la importancia que China concede a sus relaciones con Panamá. Corresponde entonces al futuro gobernante de Panamá avanzar sobre las relaciones consolidadas, diseñando una estrategia favorable a la transferencia de tecnología como el incremento del flujo de inversiones, a fin de facilitar la entrada ventajosamente al siglo XXI.
El autor es abogado y analista internacional.