Si bien Panamá crece en promedio anualmente 5.6%, según cifras del Banco Mundial, muy por encima de la mayoría de los países de la región y ha tenido avances importantes en la reducción de la pobreza extrema, no es menos cierto que es una de las naciones más desiguales del mundo, con una caída muy importante en el Índice de Competitividad Global ubicado en 2017 en el puesto 50 y en 2018 en el puesto 64.
Aquí, uno de los primeros retos del nuevo presidente, ya que su comunicación no puede ser la de un estadista que presume cifras de crecimiento económico, de condiciones favorables para la inversión y de más y más infraestructura. Es el momento en el que en cada hogar panameño las familias sientan que la riqueza del país les está llegando, que el modelo económico no solo favorece a los 10 apellidos más pudientes de Panamá, sino que este gobierno pone como prioridad el bienestar de más de 4 millones de habitantes.
Las principales demandas de los panameños giran en torno a un mejor sistema de salud y que sea más accesible en todos los rincones del país, con medicinas más baratas, mejores empleos y bien remunerados, servicios públicos universales en las comarcas, combate a la corrupción, educación de calidad y la esperanza de cambios constitucionales, todo esto en el contexto de un gobierno saliente con un desgaste marcado y baja popularidad, con una política comunicacional que no generó empatía ni conexión con los ciudadanos y que ubicó al expresidente Juan Carlos Varela en el puesto 17 de 19 mandatarios con la aprobación más baja.
La gestión saliente se centró en hablar del tema económico en los términos que no le favorecían, ya que en la administración anterior, de Ricardo Martinelli, la situación económica del país es mejor valorada por los panameños, competir en esos términos, era perder, y dejó de lado exaltar políticas exitosas como la puesta en marcha del modelo de descentralización, un punto sin lugar a dudas distintivo de Juan Carlos Varela, lo que ahora le deja las puertas abiertas al nuevo gobierno de apropiarse de los resultados del mismo, porque en el colectivo no se posicionó ni se instaló este alcance.
¿Qué le apremia al gobierno entrante? Una comunicación basada en los logros de corto plazo, porque estas demandas de la población se traducen en expectativas altas para ver y sentir los cambios en poco tiempo, como dice el dicho “para mañana es tarde”, por lo tanto, escuchar y dialogar con el ciudadano es tarea desde el primer día, implementando todos los canales que estén al alcance para propiciar la interacción con los mismos.
El discurso del presidente Cortizo y su Gabinete ahora es para todos los panameños, gana el mensaje conciliador e incluyente, con visión de futuro y sin anclaje en el pasado, no hay cabida para buscar culpables de lo que no se haga, porque el partido contará con el poder necesario para las reformas y decisiones que den respuesta a las principales demandas, apremia una comunicación simbólica que conecte y genere empatía con todo el país, de momento su nueva marca “Unidos lo haremos” suma para cumplir este objetivo.
La marca país no puede ser exclusivamente el Canal, ni mucho menos los “Panama Papers”, ni los escándalos de Odebrecht, hay que transmitir a los panameños y al mundo la riqueza cultural, histórica y turística que debe ser motivo de orgullo e identidad para el pueblo panameño, es momento de un renacer que resalte los valores y potencial de la nación centroamericana.
El presidente Cortizo tiene por delante mostrar al mundo si el “Buen gobierno” solo fue una promesa de campaña o si es un compromiso para hacer de Panamá el país justo y de oportunidades que todos los panameños esperan.
La autora es consultora política, conferencista e investigadora