Llega la Navidad y con ella una de las épocas más bellas para la humanidad, por ser la de la conmemoración del nacimiento del hijo de Dios en un humilde pesebre -o cobijo para animales errantes- por no haber podido sus padres conseguir hospedaje en ninguna habitación para humanos. Con esa lección extraordinaria, el Creador exaltó a la humildad como uno de los grandes valores que puede alcanzar la especie humana.
A lo largo de los siglos, diferentes conglomerados humanos han conmemorado ese nacimiento de muchas maneras, una de las cuales ha sido y son los conciertos con música especialmente elaborada para recordar y exaltar el advenimiento de ese divino niño. En Panamá, desde hace muchos años se realizan conciertos con la presentación de la Orquesta Sinfónica Nacional y el Coro Música Viva, que son grupos musicales especializados y presentados por el Club Kiwanis de Panamá.
En la actual ocasión, además de esos grupos musicales se incluyó al coro de los Niños Cantores de Azuero, integrado por niños y jóvenes de las provincias de Herrera y Los Santos, y de la Coral Santa Teresa. En otros países se presentan grandes orquestas con su coro, cuyas actuaciones son transmitidas por televisión para regocijo y disfrute de todos los que tuviesen la oportunidad de verlos y oírlos.
Las presentaciones en Panamá, y las transmitidas desde otros países, se han desarrollado en las sedes de iglesias católicas tanto por la voluntad de las congregaciones religiosas por ofrecer sus instalaciones, así como por disponer de bastante espacio, y gozar una buena acústica, se prestan para brindar allí dichos conciertos. Es así que se han realizado, en distintas ocasiones, en la Catedral Metropolitana Santa María la Antigua -en el Casco Antiguo de la ciudad de Panamá- en la iglesia del Carmen, y en el Santuario Nacional del Corazón de María, sede también en esta ocasión.
La concurrencia cada vez ha sido más numerosa, complicándose la llegada al evento por el aumento acentuado del tránsito y del transporte para llegar a la sede; por conseguir estacionamiento para automóviles, y; por hacer filas para entrar al lugar del espectáculo. Por lo anterior, y para mejorar la organización del acceso a la iglesia, se tiene establecido un sistema de uso de boletos de entrada que son gratuitos y que los interesados en asistir deben obtener con antelación en las oficinas de la iglesia o del Club Kiwanis de Panamá. Empero, hubo quienes eso no lo supieron porque no les llegó el aviso y se quedaron sin boletos. Otros tampoco, porque cuando fueron a buscarlos ya se habían agotado.
Lo anterior indujo a los Kiwanis en la iglesia, a organizar de apuro un ingreso de los “sin boletos” después de los que los tenían. Sin embargo, por armonía y buena voluntad, a los que ingresaron sin boleto y tuvieron que situarse de pie y a los costados dentro de la iglesia, - porque ya no había puesto- no les importó la incomodidad, siempre que pudieran asistir al concierto y no afectaran a nadie.
El concierto “Esperando la Nochebuena”, como es usual, fue de gran calidad, con sensaciones cercanas al éxtasis. La Sinfónica está cada vez más completa y contó con un solista en oboe y con 67 ejecutantes de primeros y segundos violines, violoncelos, contrabajos, flautas, clarinetes, fagotes, trompetas, cornos, trombones, tuba, percusión, teclados y oboes.
El Coro Música Viva contó con 28 integrantes entre sopranos, contraltos, tenores, barítonos y bajos. El programa incluyó las canciones clásicas navideñas, en donde no podían faltar Campanas de Navidad, Festival de Navidad, Adestes Fidelis, Noche de Paz, y cerrar con el “Aleluya” de El Mesías de Haendel. Casi, si no todos, los conciertos en el mundo terminan con el Aleluya, y la gente salió extasiada y agradecida con la música; los autores; los intérpretes; la Iglesia católica; los patrocinadores: el Banco Nacional, el Global, el INAC y la Alcaldía de Panamá, y; con el Club Cívico Kiwanis, como presentadores del concierto e impulsores del bienestar espiritual.