VIDA URBANA

Conomanía naranja

En los estudios de comportamiento humano, se habla del placer que le proporciona a algunos, el poder de facilitar o de complicarle la vida a los demás.

El libre tránsito en nuestro país ha sufrido un impacto con la aparición de los conos color naranja , los cuales inundan las calles, estacionamientos ,veredas y aceras; como hongos que han proliferado sin control alguno. Por todas partes, se los encuentra uno en las calles de la ciudad de Panamá.

Alegremente los utilizan los “bien cuidados”, quienes se apropian de aceras completas para permitir o impedir que se estacionen los carros , a cambio de una propina. Un absoluto irrespeto al conductor que necesita dirigirse a cierto edificio y se ve obligado a pagar al descamisado, quien sin mediar autoridad alguna se ha apropiado de altos conos naranja, y por lo tanto de los espacios públicos, como una empresa privada del desarrapado.

Por otro lado, hay decenas de estos conos naranjas, en diversos puntos de la ciudad donde se está realizando algún trabajo en las calles. En forma exagerada, también los colocan en fila, para “protegerse” de los carros que transitan por aéreas donde se ejecutan faenas de mantenimiento o cualquier otro, pero con mucho más espacio del necesario, cerrando prácticamente la vía o haciendo muy estrechas las calles, con los consabidos tranques vehiculares, que se producen al convertir tres o cuatro carriles, ¡en uno! Mientras que los automovilistas comprobamos, con irritación e impaciencia, lo innecesario de colocar ese ejército de conos naranjas en una obra callejera que no lo amerita.

Por supuesto, que cuando son colocados en lugares donde hace falta alertar de obras públicas, o en la realización de trabajos que requieren mucho espacio, nadie se molesta, pero como todo lo que se exagera o abusa, la mayoría de las veces no se justifica crear esas barreras anaranjadas en muchísimos lugares y momentos.

Llamo la atención al Ministerio de Obras Públicas y a los dueños de edificios, a la alcaldía de la capital y otros distritos a que retiren los conos naranjas, que se han apropiado indebidamente, cualquier ciudadano, sea o no sea un “cuidador improvisado” (bien cuida’os), y que los capataces de las obras públicas tomen conciencia de no angostar las áreas de tráfico pesado con hileras de conos totalmente innecesarias, por la magnitud y lejanía de la faena que están realizando.

El autor es psicólogo, docente y escritor

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