Exclusivo
URBANISMO

¿Contaminación visual?

Amanecía, con la ansiedad de llegar ya. Me asomé por la ventanilla del avión con la alegría de contemplar la imagen de la ciudad. Todo bastante oscurito todavía. Las luces de los barcos en la bahía se veían preciosas, parecían carruseles iluminados. La entrada del Canal se veía aún más bella con los puertos en acción y los dos puentes llenos de foquitos. La cinta costera 3, que desde arriba parece una carita feliz, me invitó a devolverle la sonrisa; luego aparecieron los edificios alineados por la avenida Balboa, y de repente… ¡ay que dolor de ojos! Al final de la avenida Balboa aparece como un demonio inesperado este letrero enorme, que irradiaba una luz tan brillante e intensa que hacia querer tirarle pintura negra desde el cielo. ¡Me dio rabia! ¿Cómo así dañar el espectáculo? Seguimos el recorrido y ¡zas! Otro letrero igualito por el tramo marino del corredor Sur, que tenía un parpadeo demasiado rápido e intenso. ¡Me imaginé en una sala de tortura, iluminada en la cara para forzarme a gritar lo que fuera con tal de que se apagara la luz... deseaba tratar de no ver el letrero, pero era imposible, había que verlo, sí o sí. Me molestó esa imposición.

Hace poco fui invitada a un apartamento en la avenida Balboa, cuya sala está frente al mar- qué belleza ver el atardecer todos los días así- pensé con envidia de la buena. De repente empezó a oscurecer, y ¿qué pasó? Esta luz que entró a la sala sin permiso, que cambiaba constantemente de colores y brillos en un ir y venir a una velocidad que empezó a ponerme nerviosa y me provocó una sensación de ansiedad para irme lo antes posible. Se hizo desagradable mantener la conversación y por supuesto que al final solo hablábamos de estos letreros que no tienen el mínimo respeto ni consideración para la privacidad ni para con nadie.

Sé que sobre este tema se ha debatido antes y que vecinos organizados por aquí y por allá han tratado de detener esta aberración óptica que contamina visualmente el día a día de tantísima gente. Pero es obvio que no les hicieron caso y que no les importa un pito a los que pueden hacer algo para detener esto.

No solo pensé en la gente que ha adquirido con esfuerzo algún apartamento, soñando con una vista hermosa en la paz de su hogar, sino en los miles de habitantes de la ciudad de Panamá y San Miguelito que atraviesan por estas vías todos los días al amanecer u anochecer, sea para llegar a sus trabajos o de regreso a sus hogares, después de una larguísima jornada laboral y en medio del tristemente famoso tranque, que solo provoca caos mental en la gente de nuestra querida, pero agobiada ciudad.

Parece una nimiedad, algo nada importante para la vida cotidiana de los que vivimos aquí, pero sí que lo es. Esto es una intoxicación visual para el cerebro. ¿Hasta cuando tenemos que aceptar imposiciones calladitos, calladitos?

La autora es promotora cultural


Última Hora

  • 01:30 Perú celebra su independencia con un festival gastronómico y cultural en Panamá Leer más
  • 01:30 La segunda oportunidad y el derecho al olvido Leer más
  • 01:15 Agua para el futuro: el desafío impostergable del río Indio Leer más
  • 01:10 El mundo de los jubilados Leer más
  • 00:21 Reportan la muerte de panameños en el conflicto Rusia-Ucrania Leer más
  • 23:48 Honran a las víctimas del doble terremoto en Venezuela al cumplirse un mes Leer más
  • 23:38 El mayor acuario de Europa pone el nombre de Ferran Torres a uno de sus tiburones grises Leer más
  • 22:52 Universitario y San Francisco arrancan una nueva etapa en el Apertura 2026 Leer más
  • 22:49 Jueces de garantías niegan a fiscalía extender plazo de investigación en caso de exvicepresidente José Gabriel Carrizo Leer más
  • 22:27 Capturan a deportado desde Nicaragua por desaparición de Rita Wald durante la dictadura militar Leer más