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SOCIEDAD

Corrupción e Impunidad

Corrupción e impunidad. Tema que no cesa de ocupar la atención de la población. Aquí la sentencia de Mario Benedetti, escritor uruguayo, “vivimos no solo la globalización de la economía sino también de la corrupción y la frivolidad”. Estoy de acuerdo. ¿Quién no? Agrego mi propia sentencia (valga la redundancia): “La corrupción no tiene ideología”. Es el título del artículo que publiqué el 24 de enero de 2002 y del cual traigo solo unas partes:

“Durante las últimas semanas la nación panameña ha contemplado estupefacta en vivo y a todo color un vergonzoso espectáculo de corrupción en nuestro país... el llamado caso Spadafora-Cigarruista, seguido de la confesión de soborno del legislador Carlos Afú... Hace años leí un cuento de Benedetti titulado Pequebú... el título resulta de abreviar la frase ‘pequeño burgués’... Comprendí el valor intrínseco del ser humano, que ha de medirse por los valores que profesa, por los principios que le animan, más allá de etiquetas político partidistas, ya que hay oportunismo de izquierda y de derecha, porque simplemente ‘la corrupción no tiene ideología, ni es exclusiva de una clase social en particular”.

Alguien dirá que siempre ha existido corrupción. Igualmente podemos decir que siempre han existido enfermedades. El hombre les ha encontrado cura, si no ya no existiría la humanidad. La corrupción no ha de ser la excepción. No es algo con lo que se termine de un día para otro. Es un mal que hay que tratar con diferentes pociones, con firmeza y sin pausa. Cometido el delito castigo seguro. Extirpar el tumor de la impunidad.

Educación y cultura es la fase preventiva contra la corrupción desde la niñez. Los amigos sociólogos explican muy bien la pobreza como causa de delitos; sin embargo, nunca dicen que la pobreza no justifica asesinar para robar. Son dos cosas distintas que deberían enfatizar.

Para acabar con la corrupción primero hay que acabar con la impunidad. Lo demás son cuentos de camino. Esta es una premisa que considero fundamental en la lucha contra la corrupción. De modo que esta tan claro como el agua de la tinaja: acabar con la impunidad para acabar con la corrupción. El asunto es cómo acabar con la impunidad si quienes deben hacerlo son a su vez corruptos. ¡Ahí está el detalle!, diría Cantinflas.

La impunidad institucionaliza la corrupción. Crea patrones de conducta que penetran todas las clases sociales sin excepción. La complicidad de clases en la corrupción se aprecia con toda claridad en los procesos electorales clientelistas entre quienes ofrecen y quienes aceptan dinero contante y sonante, artículos de cocina, materiales de construcción, soborno con dádivas, etcétera, etcétera, etcétera. La sociedad crea y participa ella misma en su propia corrupción camino a convertirse completamente en una sociedad corrupta como sucede hoy día en algunos países de nuestra América.

El autor es docente universitario


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