Tengo presente que cuando Omar Torrijos creó el poder popular, en ese tiempo de los 505 representantes de corregimiento, el expresidente Demetrio Basilio Lakas, que se comportó siempre leal y fiel al lado del general Torrijos, le dijo: Vas a crear un monstruo. Esto ha sido un pronóstico que se ha cumplido en el tiempo, ya que desde entonces, hasta el presente, han dejado mucho que decir estos llamados representantes.
Debo decir que con todos los méritos que tenga el general Torrijos hasta el último día de su existencia, en especial al logro de la descolonización de la antigua zona del Canal, cuando creó el Partido Revolucionario Democrático, en 1978, fue excesivamente tolerante con esa figura jurídica que aludo. Los 505 de ayer evolucionaron a los legisladores y diputados de hoy, mientras que los que llevan el nombre de representantes son apenas una sombra de lo que fueron.
Ahora, con el presidente Nito Cortizo en el poder se menciona como corrupción de viejo cuño, que más de una docena de juntas comunales en el interior de la república están involucradas en malos manejos, que han sido denunciados por la Contraloría General de la República ante las fiscalías anticorrupción. Es de esperarse que sometidas a la debida investigación, sobre los supuestos delitos dolosos que hayan incurrido, sean castigados sus dirigentes sin contemplación, ya que los dineros del pueblo son sagrados.
No debemos olvidar que durante la pasada administración del presidente Juan Carlos Varela, otros actos de corrupción se dieron en el poder legislativo con las llamadas planillas, que disimulaban pagos en efectivo y en cheques con una burocracia supletoria.
En la actual asamblea ya han comenzado a sacar las uñas los diputados con la dotación de 20 mil balboas mensuales, vaya usted a saber para qué, parece que con estos indicios de una nueva corrupción estén presionando al mandatario actual para otras exigencias de privilegios, y si no, mostrarse renuentes ante algunos de los proyectos de gobierno, y en especial las reformas a la Constitución actual. Me adelanto a decir, luego de un ligero conocimiento de las mismas, que en nada serán favorables para meter en cintura al poder legislativo ni al judicial de los que se tienen tantas quejas y sospechas.
Le digo al actual inquilino del Palacio de las Garzas, “sin garzas”, que tenga cuidado con estos tramposos hábitos de la política panameña y mantenga mano firme frente a la consabida corrupción heredada de gobiernos anteriores.
El autor es abogado y periodista