De la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH), con sede en San José de Costa Rica, se puede afirmar que es una metepatas. Parece muy apresurada a cumplir la consigna política progresista por imponer el matrimonio homosexual, que abre las puertas a las destructivas consecuencias que ese supuesto derecho inflige a la familia tradicional y a sus valores éticos y morales. La familia es una organización natural que encuentra en ella misma los recursos anímicos para realizar su insustituible tarea de vencer sus dificultades para criar a sus hijos de conformidad con las leyes naturales.
La destrucción de la familia es una consigna de los movimientos políticos de la llamada “Nueva Izquierda”. Es la consigna de la ideología de género, una ideología tan absurda y falsa que han empezado a negar su existencia sus seguidores mintiendo que es una invención de la Iglesia.
La agresividad política demostrada por la Corte Interamericana de Derechos Humanos y otras acciones de activistas de género en Panamá y en todo Latinoamérica es una desesperada respuesta a la política que llevan a cabo, en Europa oriental, del gobierno de Rusia, por Vladimir Putin, y, más cerca de nosotros, el gobierno norteamericano, con Donald Trump, en su país y en Naciones Unidas, algunas de cuyas agencias especializadas (derechos humanos, educación, salud, familia) son cuarteles políticos de la nefasta ideología.
Una respuesta contundente, valiente y clara, de alcance continental, contra las pretensiones de carácter imperialista de la Corte Interamericana de Derechos Humanos en este asunto del matrimonio homosexual, la ha dado nuestro eminente jurista doctor Ítalo Antinori Bolaños, quien ha calificado de “aberrante y descarriado [el] concepto emitido por la Corte Interamericana de Derechos Humanos”.
Tan absurda y ridícula es la acción de los miembros de la Corte Interamericana de Derechos Humanos que el doctor Antinori Bolaños ha podido presentar como consecuencia de la burda opinión, que a nuestro país podrían pretender hacerle perder el Canal. Afirma el doctor Antinori Bolaños: “Son tan absurdos los pronunciamientos que corremos el riesgo de que un día lleguen a determinar que el Canal de Panamá no es patrimonio de los panameños, sino del continente. ¿Acaso estaríamos obligados a aceptarlo?”.
Así es de estúpida la acción de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. El único sensato de los miembros, con el salvamento de voto, fue el doctor Eduardo Vio Grossi, de Chile.
De los otros seis, no merecen que mencionemos sus nombres.
El autor es periodista