Como residente de costa abajo, en menos de tres años hemos recibido la visita de delincuentes que han desvalijado, hurtado y provocado daños a nuestra residencia. Desde la investigación informal hemos constatado estar ante un grupo delincuencial organizado de jóvenes de distintos pueblos (Achiote, Piña, Punta del Medio, hasta Palmas Bellas) que ante la ausencia de justicia verdadera dentro del distrito de Chagres, actúan a diestra y siniestra.
A propósito, la ornamental triada institucional en medio del pueblo de Chagres (Órgano Judicial, Policía y Municipio) se advierte negligente, pues las denuncias continuas recaen sobre los mismos mozalbetes una y otra vez; sin embargo, nada sucede. Así las cosas, no cabe duda de que la impunidad siempre dará rienda suelta a la criminalidad.
A todo lo anterior hay que agregar la ausencia de un equipo de criminalistas en el distrito que conozca perfectamente la geografía del área y el personal delincuencial sensitivo. Seguramente, una investigación seria, oficiosa y bien llevada pondría en foco al instigador o mal llamado “actor intelectual” de los delitos contra residencias, carros de reparto y transeúntes, entre las comunidades de Achiote, Piña, hasta Palmas Bellas.
Ciertamente, no podemos esperar menos por estas áreas si la esperanza de la juventud se diluye en las manos de politiqueros inescrupulosos y egoístas que no les ha importado pensar en la prevención para sus comunidades. O en una resocialización preventiva (antes de caer en prisión) que abra puertas a esa juventud ociosa, con vicios y pocos estudios; presa fácil de esa criminalidad que emigra de la ciudad a nuestros pueblos por refugio y terminan por reclutarles para formar incipientes redes delincuenciales.
El puente del progreso para costa abajo (tercer puente sobre el Canal) está a un año de su posible inauguración. Sin pretender ser fatalista, de no estar preparadas las autoridades y sus pueblos, la entrada del progreso podría ser espinosa. Un progreso no planificado abrirá surcos a la especulación y oportunismo, para despojar de bienes y propiedades a nuestra gente. Además, la criminalidad podrá extender sus tentáculos y mutar nocivamente su modus operandi.
Es hora de pensar en políticas públicas encaminadas a la transformación social, para robustecer la educación y cultura de costa abajo de Colón, de modo que se brinde esperanza y oportunidades a los jóvenes, para arrebatárselos a esa migrante delincuencia urbana y al falso oasis que le otorgan las arribadas ilícitas. Ya hay que promover a costa abajo entre los círculos de escritores, literatura, poesía, teatro, danza, arte y pintura de la ciudad de Colón.
Es hora de rescatar la historia real de nuestros pueblos, construir su memoria documental, solo así se podrán cimentar sus raíces y nutrir intelectualmente a los desapercibidos y desesperados pueblos del sector.
Costa abajo también tiene talentos, pero lamentablemente se ahogan en la desidia de las autoridades municipales que los mantienen sumidos en el lipídico conformismo y mentalidad de pobreza generacional. En suma, la prevención es el mejor antídoto para la delincuencia juvenil; prevención, cultura y un desarrollo planificado dignificarán a nuestros pueblos.
El autor es docente