Quizás haya un gran consenso entre padres de familia al hablar de educación al considerar que la misma anda por las nubes y se haya vuelto costosa y para muchos inaccesible, principalmente para la clase media trabajadora, que tiene que enfrentar costos, y más el que viene el próximo año, con incrementos de 10% a 30% en anualidad y matrícula.
Tan solo basta con ver la evolución del índice de precios al consumidor y observar que la educación tiene un gran peso en el bolsillo de las familias panameñas, que anualmente tienen que hacer un sacrificio enorme para el pago de anualidades, matrícula, uniformes y útiles escolares. Todo eso, sumado a los otros rubros de gastos como alimentación, salud, vivienda, transporte y entretenimiento o recreación. Lo cual se empeora cuando el dinamismo de la economía baja, como en este periodo que nos encontramos en una desaceleración económica.
Pese a que Panamá no experimenta altas tasas inflacionarias o de drásticas subidas de precios en los rubros antes mencionados, la educación se ha convertido en un “bien de lujo”, ya que la entrada y permanencia en una escuela privada es alta, inclusive inaccesible para un gran porcentaje.
Es aquí donde entra la economía, porque para que los países tengan altos niveles de ingresos, las personas tienen que ser productivas, y para lograr altos niveles de productividad, se necesita una educación integral.
Cuando la formación escolar, desde preescolar, niveles primarios y secundarios, incluso universidad se vuelven caros, estamos como país dificultando la mejora del nivel de vida de muchas personas, que no tienen acceso a formarse ni capacitarse.
Una alternativa es que la educación pública sea lo suficientemente buena para que compita con el sector privado. Tan solo basta con ver la inversión que realizamos como país en materia educativa, para darnos cuenta que no superamos el 3% del producto interno bruto (PIB), mientras otros países nos superan. Tomemos como ejemplo Chile, que su inversión casi llega a un 7%.
Lo que suele ocurrir en nuestros países como la educación no rinde frutos a corto plazo, puede no ser una prioridad para los políticos, por los fines que persiguen. Siendo la mejor inversión que puede tener un país, incluso superando la rentabilidad social de la infraestructura.
A todos nos interesa tener una educación igualitaria, equitativa y de calidad, porque realmente la necesitamos, que no sea tan costosa e inaccesible, por lo que el gobierno tiene una gran oportunidad de acercarse a los diversos centros educativos y buscar alternativas. Más allá de las deducciones impositivas para padres de familia.
Hoy una familia en Finlandia, Singapur, Japón o Alemania manda a sus hijos a una escuela pública, porque sabe que será un egresado con todas las capacidades como aquel que puede ir a un centro privado. ¿Por qué no nos vemos en ese espejo de aquellos países con mejores resultados en la prueba del Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos (PISA, por sus siglas en inglés)?
Si la educación se hace costosa impacta en los presupuestos familiares de las personas más desfavorecidas. Recordemos que más del 70% de los panameños devenga salarios por alrededor de los 800 dólares.
En la reciente publicación del Índice de Competitividad del Foro Económico Mundial (WEF) en el pilar de formación o skills ocupamos el puesto 85/140 países, alejándonos mucho del principal referente educativo a nivel global, como es Finlandia. Dentro de dicho pilar entre 140 naciones, ocupamos el puesto 119 en facilidad de encontrar empleados calificados, y 100 en el pensamiento crítico a la enseñanza, y 97 en las habilidades digitales entre la población, por lo que debemos preocuparnos que, así como suben los costos, suba la calidad educativa.
El autor es economista, consultor y docente.