Esta semana se alborotó el congo con la aprobación de una ley en la Asamblea (aayyy la Asamblea...), en la que se modifican disposiciones de 2008, regulando los derivados del tabaco en todo el país. Lo curioso fue cómo en tres días se presentó a segundo debate, se le introdujeron cambios en muchos de sus artículos y se aprobó.
Incomoda la velocidad y la poca divulgación que se ha dado a los cambios y lo que se aprobó. Especialmente, si ni siquiera se enviaron al Minsa para que diera recomendaciones. Eso, por sí solo, ya genera suspicacias.
La respuesta mayoritaria fue de rechazo, por considerar que se flexibilizan normas que buscan, obviamente, que el consumo de ese “veneno legal” se reduzca lo más posible. Mientras, los defensores del proyecto (tanto dentro como fuera de la Asamblea), alegan que lo que se busca es reducir el contrabando, que es como entran al país buena parte de los productos de tabaco consumidos en Panamá. Dicen que se busca establecer una trazabilidad de cada caja, para evitar el estraperlo. Pero pasan a permitir que en zonas exentas de impuesto, como Tocumen, se pueda hacer propaganda de cigarrillos en donde se venden. Y desmontan varios controles previos. Al leer lo aprobado, lo comercial ha privado sobre la salud de la gente.
Pero es que todo el mundo está escaldado con la dichosa industria tracalera (que no es un error escribiendo tabacalera). Si no, recordemos cómo en 2008, cuando se aprobó la ley original, proponían usar en terrazas unos “filtros”, que ya habían sido descartados en otros países por eliminar el olor del humo, pero no sus tóxicos, que lo hacen adictivo. Por eso todas estas “modificaciones de buena fe” hay que verlas con cuidado, pues la industria suele saber cómo rodearlas para evitar controles.
En la discusión de este proyecto, además de representantes de instancias de gobierno y de organizaciones de salud, participaron representantes de la industria del tabaco, que advierten de “demandas multimillonarias” si se eliminan logos o formatos propios de una marca. Escuché incluso decir que “hoy es a los cigarrillos, pero imagínense le prohiban a Nike usar el nombre y solo dejar el swoosh en su logo”. Ejemplo absurdo, pues Nike no mata a nadie con sus zapatillas. Así que no existe interés particular en que dejen de identificar su marca.
También alegan que los “filtros biodegradables” no existen (otra mentira), y que “la pérdida de negocio será un golpe a la economía”. Esto es cuento, pues ante los controles de occidente, estos fabricantes de veneno migran a China e India, donde, según la OMS, cuentan con un mercado que supera en más de mil veces lo que se consume en occidente.
Ah, y la famosa “libertad de cada quien de poner su vida en riesgo si así lo quiere”. Esto es una idiotez, si tomamos en cuenta que los fumadores pasivos también se mueren por efecto de humo ajeno. Es como decir que puedo guardar 10 libras de plutonio en mi casa, porque yo corro el riesgo.
Por último, a pesar de todos los argumentos sobre las bondades de la ley, no podemos olvidar que un proyecto, que vincula la industria del tabaco con nuestra Asamblea Nacional, es difícil no pensar que encierra algo turbio. Entiendan que durante muchos años, ambas partes, han estado puliendo esa imagen de maleantería que hoy nos impide pensar que pudieran hacer algo de buena fe. Métanle mente, y seguro entienden...
El autor es cardiólogo
