El mundo ha ido evolucionando y la mujer ha alcanzado tantos triunfos importantes, que una gran parte de la sociedad actual considera que la mujer ya no tiene que seguir luchando por sus derechos. El feminismo como lo ven algunos, es ahora un movimiento de mujeres radicales y son estos triunfos los que parecen ahora limitarnos, porque se nos recrimina el exigir más, ignorando los datos que arrojan los estudios sobre desigualdad de género y que muestran que aún falta mucho por hacer. Es lamentable que se discrimine a la mujer para puestos de trabajo por el costo que supone cubrir las licencias de maternidad, que se le ofrezca menor salario a la mujer que al hombre para un mismo puesto o que una mujer tenga que tolerar en su puesto de trabajo los “piropos” de sus compañeros, porque si a ella no le gusta, es acreedora a nuevos títulos indeseables.
A las niñas se les educa desde pequeñas a aspirar a ser reinas: a dar besitos, mostrarse sonrientes y con ropa sugerente. Luego nos preguntamos por qué tenemos una sociedad que cosifica a la mujer y sexualiza su cuerpo hasta el punto de que la vuelve vulnerable ante la violencia y el acoso sexual en todos los aspectos de su vida. Pero aún hay más: muchas mujeres no pueden decidir sobre su vida sexual y derechos reproductivos, no puedes esterilizarte hasta haber cumplido con ciertos criterios (el hombre no cumple ninguno), si ella no usa un anticonceptivo ella es la única responsable, cuando existen situaciones de sexo transaccional en las que ella no puede elegir o existe manipulación dentro de la pareja, en la que ella no puede usar métodos anticonceptivos si la pareja no lo aprueba. No sorprenden frases como “eso no me da placer”, “dudas de mí”, “¿qué estas haciendo tú que me pides usar eso?”, “eso no es de hombres” o simplemente “eres mi mujer y yo decido qué hacer”. Tampoco se aborda el problema del acceso a los métodos anticonceptivos o a la desinformación.
Con motivo del Día Internacional de la Mujer que se ha estado recordando a través de las redes sociales, se muestra que es el momento de cambiar el antiguo paradigma y que las mujeres ejerzamos nuestros derechos y luchemos por los que nos faltan. La educación en el hogar y en la escuela debe ser una educación incluyente promovida dentro de un marco de las políticas de Estado, y que involucra la educación, derechos laborales, salud sexual y reproductiva, entre otros. Necesitamos enseñar qué es desigualdad de género, y así podremos entender por qué el feminismo nunca será un machismo con falda.
La autora es magíster en salud pública.
