Todas las instituciones, gobiernos, sociedades y personas encuentran obstáculos, adversidades y auténticas crisis en algún trecho. Estas dificultades les aportarán valores como la humildad, la fuerza y adaptabilidad. También extraerán lo mejor y lo peor de la gente.
La perspectiva de una persona positiva sobre las situaciones complicadas es, obviamente, distinta a la de las personas negativas, y se refleja en su reacción ante la realidad.
Es imperativo mantenerse positivo en los momentos más duros, pues esto puede alterar la trayectoria vital. Si se trata de un líder, la trayectoria de su institución y hasta su gente.
La persona positiva ve tras cada lucha una posibilidad, y en cada tribulación un aspecto bueno. La persona positiva tiene la total seguridad de que todas las crisis de hoy pasarán a hacer historia de ayer y que cada revés es una oportunidad para la creatividad, para probar nuestras capacidades y aptitudes.
Esa es la clase de líder que requiere nuestra nación en tiempos de crisis institucional. Las crisis nos llevan a desarrollar nuestras habilidades; a pensar en nuevas esferas y a utilizar otros métodos.
Un líder positivo no ve una crisis como el fin del mundo, sino como el despertar de un horizonte de innovación y progreso.
Todas las crisis son grandes al inicio, pero terminan pequeñas; la que vive Panamá también disminuirá hasta desaparecer.
El líder positivo no sucumbe a las circunstancias; aprovecha lo mejor de ellas para fabricar un nuevo futuro para su pueblo. El líder positivo afronta cada complicación con confianza, con una actitud innovadora y constructiva, pues forma parte del destino de la humanidad. El éxito lo logra quien se enfrenta a su destino positivamente.
El autor es abogado