¿Cómo cuesta decir la otra parte de la historia? Porque estos quinientos años no empiezan con la fundación de la ciudad, antes hay otra historia. En esta era del conocimiento, cuando se supone que estamos con más capacidad de intercambiar los saberes y ser más tolerantes, por qué entonces, se niega la contraparte de la historia.
Como pueblos indígenas, estamos en la capacidad de poder aportar nuestros conocimientos al desarrollo cultural y espiritual de nuestro país. Para eso, antes necesitamos purgarnos de prejuicios contra las culturas indígenas, y eso cómo cuesta, por cierto, fueron inyectados desde la época de la conquista, y aún seguimos padeciendo. Pues una de las muestras de la capacidad de nuestros pueblos de sobrevivir ante los grandes vejámenes que vienen sufriendo a lo largo de estos años, es su sapiencia.
Y de nuestra parte estamos intentando desde hace años con nuestros jóvenes Gunas, que han tenido esa oportunidad de estar en estos dos mundos: lo indígena y lo occidental, puedan minimizar esa herida social que nos han impuesto desde la invasión europea.
Como cultura, tampoco nuestra intención es que la visión indígena se imponga a otra cultura, o se le considere que es la más perfecta, pues iríamos contra nuestra idiosincrasia y visión de vida, que es de solidaridad y de ser espiritualistas. Más bien estamos conscientes que todas las sociedades están en permanente cambio, es un ente vivo que necesita ser atendido como debe ser. No hay una sociedad perfecta, lo que debe haber es un sistema de tolerancia, de prudencia y respeto hacia otros. Igualmente, nuestros ancestros siempre han sabido que otros seres con otros colores de piel habitaban en otros mares. Se trata de respetar las visiones de vida, se trata de adecuarse a todas las culturas.
En la comunicación entre sabidurías prosperaría nuestra cultura, el arte y nuestra identidad, porque esas diferencias naturales lo que traen es una interrelación cultural, y produce la multiplicidad de interpretaciones que enriquece la espiritualidad de un país, que tanto requerimos.
No ahora, como nos encontramos, tratando de imponer todavía la visión eurocentrista de la época de la conquista, y que muchas de esas ideas ya están desfasadas, más bien, gracias a esa pluriculturalidad e interculturalidad se potencializa la armonía de la convivencia social. Por ende, asimismo nos sensibilizaría admirar, respetar y conservar la naturaleza.
Contra la discriminación venimos luchando desde la conquista, y que no se siga adoctrinando a nuestra juventud con estos prejuicios. Aunque no negamos sus necesidades actuales, tampoco dejamos que se envanezcan con la inmediatez de la vida urbana, pues necesita de su ruralidad, y nuestra juventud Guna necesita de su hidalguía, debe sentirse esa rusticidad entre la pomposidad de las modas.
¿Al final, dónde queda la identidad panameña?, ¿Dónde se resguarda la cultura panameña?, ¿Dónde reposa el mundo simbólico de ser panameño? No solamente en los museos, en los viejos libros, en los archivos nacionales, está viva, gracias a la cultura, su pueblo indígena, mestiza y europea y de afrodescendientes.
El autor es coreógrafo